El metro de la ciudad portuguesa de Oporto, inaugurado en el año 2002, es sencillo y limpio. Vacío es impresionante, y en su propia penumbra se convierte en una parte muy importante del nuevo arte del siglo XXI, ya que fue diseñado, entre otros, por el arquitecto portugués Eduardo Souto de Moura, ganador en 2011 del premio Pritzker, considerado como el Nobel de Arquitectura. Moura, nacido en Oporto en 1952, coordinó el equipo de proyectistas responsables de la inserción urbana del metro en diferentes partes del área metropolitana de la ciudad. Algo que se siente nada más bajar al subsuelo, pues acostumbrados a metros funcionales y aburridos donde nuestras miradas se fijan en los que viajan, en este suburbano se puede viajar por viajar, no por llegar. Conscientes de que algo oscuro late bajo la luz que quedó fuera.

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No es un metro decorado para entretener el viaje, de hecho todas las estaciones son muy parecidas, a base de un gris y blanco tristes; a base de formas planas y simétricas, donde se repiten los planos y las escaleras mecánicas cientos de veces. Las luces blancas iluminan lo justo y la luz es tenue y equilibrada. El resultado es que todo resulta sencillo y de una belleza decadente, lo que genera la sensación de moverse en un mundo propio que lleva y comunica toda la ciudad por debajo. Una obra de arte conjunta: bajo tierra no hay luz, pues nos alejamos de ella para movernos rápido; tampoco hay alegría al inicio, pues nacerá con las sonrisas y las miradas, que son humanas.

Por otra parte, ya que todo arte es siempre social, en el metro de Oporto nadie está obligado físicamente a pagar: no hay ningún impedimento para pasar, sólo unos postes donde deberías validar los billetes. El arquitecto y su equipo confiaban en que los precios fuesen tan asequibles que nadie quisiese no pagar, permitiendo así el acceso libre a las personas con menos dinero. Por si acaso, la multa por no pagar son cien euros. Una multa impuesta de forma amable y portuguesa, de verdad.

Es el de Oporto un metro donde hasta el suicidio es asequible, pues no tienes más que bajar un pequeño escalón hasta las vías. Que el tren siempre pasa y corre, no se detiene, pues es máquina.

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Fotos: Jesús J. Prensa.

1 y 2. Metro de Oporto en invierno.

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