Europa no es lo que nos venden, al menos no solo eso. Es cierto que hay mucha gente en Inglaterra, en Alemania y sucedáneos, feliz con lo que hace. Claro que hay historias de éxito, pero muchísimas más de fracaso. Y de esas no se quiere hablar.

En Londres, igual que en tantas otras ciudades, hay mucho fantasma suelto. Es que yo vivo en Londres, ¿saaabeeeeees? Que sí, hijo. Que sí. Igual ahora te crees más cool por ello, pero eres tan pringado como lo has sido siempre. Hay también mucho, mucho postureo. Demasiada vida retransmitida minuto a minuto con fotos de compras en Londres, en la playa de Brighton o de fiesta en Oxford, cuando la realidad cotidiana suele ser justo la contraria. A veces, esos mismos, son los que tienen que tragarse la vergüenza y llamar a su familia para que les ingresen dinero cada semana. Eso sí, que no se enteren sus amigotes.

Por suerte, ya empieza a crecer el número de los que, después de chocar varias veces con la realidad y ver que no compensaba aguantarlo, se han largado. Y la mayoría, principalmente por orgullo, no han vuelto a casa. Pero lo que sobre todo hay en Europa es mucho inmigrante de los que no salen en ‘Españoles por el mundo.’ Esos, por desgracia, son los que más abundan. Demasiados ingenieros, psicólogos, educadores, arquitectos, abogados… etc. fregando platos, cuidando niños y ancianos, limpiando váteres, sirviendo comida, recogiendo copas o trabajando como cajeros en un supermercado o en una tienda. A menudo en condiciones muy vergonzosas.

Viviendo en habitaciones asquerosas por las que pagan cientos de libras al mes, o con colegas – o colegas de colegas – que les acogen en sus casas mientras se patean la ciudad cada día, para no tener que pagar transporte público, echando CV donde sea. O, lo que es peor, viviendo en uno de esos pisos patera que recuerdan, de alguna manera, a los pisos en los que han vivido, y viven, rumanos, pakistanís, magrebís y demás africanos en nuestro querido país. Esos mismos que vienen, o venían, a España a robarnos el trabajo. Claro. Cuando lo hacen ellos es para quitarnos el trabajo y cuando los que nos vamos somos nosotros lo hacemos en busca de un futuro digno ¿Qué doble rasero más duro tenemos, no?

El momento en que los países del norte de Europa nos traten a los españoles como nosotros hemos tratado a los inmigrantes ya ha llegado. La medicina que llevamos dando tantos años sabe muy, pero que muy mal y, ahora que la hemos probado, empezamos a aprender la lección. La desarrolla y avanzada Europa está bien y mola mucho cuando mola. Pero no es el fin a nuestros problemas. No es el paraíso, tampoco la panacea. Muchísimo menos aún si no controlamos el idioma. (Controlar de verdad, no de marcarnos un triple en el currículum). Al llegar, no hay varios hombres vestidos de traje negro esperándote en el aeropuerto con contratos millonarios de lo tuyo bajo el brazo. Y es que, salvando las distancias y dejando a un lado los aeropuertos, todas esas cosas eran justo las que creían los inmigrantes que venían a España. Que esto era el no va más. Y lo creían, sencillamente, porque era un cuento que llevaban demasiado tiempo escuchando. No por nada más. Y ahora mira…

Son miles y miles los españoles que están tragando y tragando fuera de su país, porque es lo que toca. O igual no, joder. Igual hay que empezar a pensar en otros destinos. A cambiar y a apostar por otras sociedades, otras formas de vida y otras culturas. En definitiva, por otras realidades. La cara de nuestra inmigración es bastante más fea de lo que nos venden en los medios de comunicación, especialmente cuando se trata de inmigración forzada. Y lo de ‘vine para 6 días y ya llevo 9 años’, con negocio montado incluido, puede ser real, pero en ningún caso puede ser la referencia. No, porque no es justo. No es justo que nos sigan meando cada día y encima tengan huevos de decir que llueve.No es justo, no nos lo merecemos… ¿O igual sí?

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