Se habla, se dice, se comenta, se escribe e incluso aparece en prensa, esa prensa también responsable, que 10.000 niños y niñas, o quizás más, pero nunca menos, procedentes de los territorios que sufren nuestras guerras, han desaparecido en su entrada a Europa. ¡Oh, Europa de las oportunidades! Se han invisibilizado, se han esfumado, etéreos en la podredumbre de esta nuestra cloaca mediterránea.

Se oyen lágrimas a lo lejos, apesta la inacción, se respira el azufre de aquellos, los responsables, que se limitan a observar. Todos ellos, todos nosotros. Aparecen las imágenes, los titulares, como por arte de magia. Y también como por arte de magia, desaparecen de nuestras vidas, esos niños y niñas etéreos. Uno, dos, tres días. Luego, el silencio de la muerte de la noticia, que es también la muerte del periodismo.

¿Dónde están los niños?

¿Dónde están las niñas?

Quizás en algún burdel de carretera, quizás trabajando en alguna fábrica a menos dieciséis grados, quizás a la intemperie, pidiendo en las calles de Praga, de Bucarest, de París, Roma o Madrid. Quién sabe. Quizás lleven harapos, o los tengan vestidos en seda dorada, a merced de los deseos sexuales de algún depravado, o quizás los tengan en una casa con chimenea protagonizando el papel de ese hijo o hija que nunca se tuvo. Quizás se hayan perdido y estén vagando por los suburbios, por el extrarradio, o por las calles transitadas de una gran urbe, en algún casco antiguo abarrotado de placas conmemorativas en las puertas de edificios singulares.

Quizás tengan seis, o siete años y aún no hayan perdido la lucidez de la infancia, ese brillo en los ojos que denota inocencia, pero también sufrimiento. El brillo que provocan las lágrimas. Quizás tengan catorce y ya hayan perdido la virginidad a manos de un desalmado, o quizás a manos de un amigo o amiga en sus tierras de origen. Quizás tengan dos o tres años y no se acuerden de su vida en Siria, Afganistán, Paquistán y crezcan y mueran con una identidad impostada.

Quizás, quizás, quizás, como reza la canción. Quizás haya demasiados interrogantes en esta tragedia ignorada por todos.

¿Dónde están los niños?

¿Dónde están las niñas?

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