Cazzo, cuánta gente ha venido a mi funeral. Está la mamma con su inseparable chucho pulgoso, los primos Paolo y Marco, tan gemelos como sus mocasines, los tíos del Venetto, la familia de papá, los tioabuelos de Lieche – tan roñosos como siempre, apuesto que han venido en autobús- además de otros amigos, vecinos, el alcalde y la gorda de su mujer, algunos amigos carbinieri, mi panadero, los socios de Calabria, Enriqueto, mi peluquero de toda la vida, y… ajá, ¡ahí las veo en primera fila! A mi bellisima mujer Elisabetta y… a mi carina Martina. Nunca fui un hombre fiel. Cuando me casé, Elisabetta ya lo sabía y aun así nunca se separó de mi lado. Además, me dio la única cosa que no se puede conseguir con dinero: un hijo de mi sangre siciliana, un uomo, mi figlio Gabriele. Aún tiene 5 años pero será un digno sucesor de nuestra dinastía. Hoy habrá tormenta, lo percibo porque se mueven tanto los cipreses con la brisa que no oigo bien al cura. Es increíble ver a Martina de negro, lo odiaba entre todos sus habituales colores chillones. La verdad que oírla hablar me agotó siempre pero tiene un culo que me pierde. Oh Dio mio… Dinamita y tentazione… pero por encima de todo, nadie podrá hacer sombra a la madre de mi hijo. El respeto de la sangre es la regla más importante de un clan. Si no, ¿qué nos queda?

Toda esta muchedumbre aguarda mi sepultura. Siempre fui un tipo importante, aunque como buen siciliano, uno quiere vivir la buona vitta sin querer morir nunca, aunque confieso que esto de palmarla no es para tanto, sobre todo si lo ves en primera fila, todo un teatro de pretensiones: La gente se arregla, la famiglia vuelve a estar junta y alguien lee un discurso lleno de chorradas sobre lo mucho que a uno le querían, el gran hombre que fuiste, la enorme pérdida para la comunidad, el padrazo que eras, y más palabrería. Todos son halagos y buenas palabras, pero pura patraña, frases huecas de cartón. Sin embargo, este velatorio promete, no me lo perdería por nada del mundo. Aunque claro, ¡qué stupidità!, si ya estoy fiambre. Merda, a veces se me olvida. Lo bueno de estar muerto es que recibes la certeza de las cosas, como una catarsis de revelaciones ocultas. Una de ellas es que mi muerte no fue accidental ni mucho menos natural. Como tampoco el supuesto siniestro que lanzó mi coche a las profundidades de la laguna di marinello, y remotamente creíble la mezcla explosiva de alcohol y cocaína que el diligente y sobornado carabinieri, Pietro Sensi, mecanografió en el manipulado informe como causa oficial. ¿Yo un cocainómano?, que vergogna, la droga es para perdedores. No.

Mi ocaso fue un auténtico magnicidio. Un burdo plan de traición de uno de mis mejores hombres, Matteo, al que creía lealtad y servicio hasta que la ambición le envenenó el espíritu. Todo por conseguir el control de la regione. Mi muerte, tengo que agradecer, fue relativamente rápida e indolora. Presumo que lo que eran nueces en mi ensalada eran en su lugar, semillas de ricino. Había tantas que no llegué al postre. Con lo que me gusta el tiramisú… ni a uno le dejan morir con buen sabor de boca. El caso es que, inmediatamente, empecé a notar que mi garganta se cerraba y al mismo tiempo un dolor me acuchillaba el estómago. Di tumbos por la sala tirando todo a mi alrededor hasta que, sin poder sostenerme más en pie, me agarré a la mano de Matteo que impasible observaba sin sentimiento la escena de mi final, como quien ve una película ya vista. Y, sin más, morí. En concreto, a las ocho y media de la tarde. Lo sé porque esa era la hora que llevaba mi verdugo en su muñeca antes de ennegrecer mi vista. En fin, no siento odio, ni rencor. Uno cuando muere y lo pierde todo se despreocupa de esas cosas, como llevar dinero encima o ver que aspecto se tiene. Yo sabía que un hombre de negozi como yo, tenía todas las papeletas para acabar con un tiro en la nuca, enterrado vivo en los cimientos de una casa, acuchillado y descuartizado o aplastado por una prensa mecánica. Este último, además, es nuestra especialidad. Uno no se pregunta cómo va morir, sino cuándo. Mi padre y mi abuelo, también sucumbieron a los gajes del ufficio, de hecho, lo primero que hace un jefe del meollo como yo al aceptar el puesto, es elegir su tumba y escribir su epitafio. ¿Por qué iba a pensar que mi destino sería diferente?

El padrino

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Gran bastardo, tienes lo que te mereces maldito. Me reconforta verte pálido y podrido. No te confundas, tu aspecto no es producto de tu muerte sino por tus actos que te carcomen como gusanos tu cuerpo sin alma. Te creías un rey de reyes, un héroe, un gran uomo convertido en redentor, pero no eras más que el excremento que lo ensuciaba todo. Tu presencia sólo ha provocado ruina y desolación. Destruiste todo aquello que valía la pena ser defendido: valores, creencias y principios, borrando la esperanza de la gente. Lo último que les quedaba. Todo lo arrasaste como un huracán. Llenaste la ciudad de putas, drogas y sabor a metralla. Sudabas pólvora y sonreías con dientes de balas. Despiadado y sin corazón, marchitabas todo aquello que creciera detrás de tus pasos. Apretando el asidero de tu ataúd, te digo que nunca se prostituyó tanto el Bien con el Mal bajo tu piel de cordero. Una vez creí en tu palabra, en la fuerza de un ideal que acariciaba mis oídos. Qué ingenua y qué insensata fui. Atrapada en un matrimonio con verdugo y carcelero, ¡yo te maldigo! Ojalá que seas errante en un infierno preparado para arder infinitamente con Satán. Fuiste un cáncer en mi vida y la de todos los demás por eso no esperes una dulce despedida. Aquí, mi querido Luca, los que venimos a decirte adiós somos todos cómplices de una ejecución legítima, nunca de un crimen porque solo éste se reserva para los que tú cometiste. Míralos bien a todos Luca, ninguno te trae condolencias sólo han venido para convencerse de que tu muerte ¡fue real! La tierra que te echan sobre tu caja no es de respeto sino su forma de cerciorarse de que nunca volverás.

Aquí, mi querido Luca, hoy celebramos que con tu final se evapora tu legado de dolor y renace un anhelo de paz y futuro que nos robaste. De lo único que te puedo agradecer es de darle a Gabriel una oportunidad con tu muerte. Aunque no nos dejaste solos… maldita ramera… no le quito la vista encima porque me encargaré pronto de ella. Tú creías que no sabía nada, como tantas otras cosas, pero supe desde el principio que te follabas a otra. Era tan denigrante tener que lavar las sábanas de nuestro dormitorio aún calientes por vuestros cuerpos fornicados, sintiendo su perfume impregnándolo todo… me quemaban las manos con solo tocarlas. Sí, Luca, destruiré todo aquello que poseías hasta convertirte en una huella borrada por las olas.

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Mierda, mierda… Luca, cabrón, ¿cómo te has ido dejándome así de tirada?, ¿qué haré yo ahora? Ay, estoy casi segura de que tu mujer sabe lo nuestro… no hace más que mirarme desde la bancada donde está sentada. Tiene un fulgor de odio en sus ojos… Tiraré el chicle. ¿Le dijiste algo?, ¿no quemaste mis cartas?, ¿qué haré si se entera? Tu mujer mueve muchos hilos, la infravaloraste siempre. Mientras vivías ciegamente, ella conspiraba contra ti. Siempre te lo advertía y nunca me hiciste caso, no fueron celos ni imaginaciones. Luca, tu mujer te odiaba hasta la muerte que encontraste. Estoy segura de que ella está detrás de tu asesinato. Fría, inerte, distante… nadie la teme, pero deberían. Es muy fuerte todo esto. Qué corbata tan fea te han puesto. Ay, mírame Luca, vuelvo a morderme las uñas desde que me dejaste, ¡no sé qué hacer para huir de aquí sin levantar sospechas! Estoy muy nerviosa, sé que estoy en el punto de mira de toda esta gente, para ellos soy una extraña, una intrusa, como un bicho en un avispero. Además creo que saben lo del dinero. Si, bueno, ahora que estás muerto ya lo sabrás como saben todo los muertos. Desde que nos conocimos en el bar Angelo, donde yo trabajaba, no he quitado el ojo a todas esas maletas de dinero que enviabas. Al final, descubrí que no me acostaba contigo sino con la misma Mafia y para cuando quise dar media vuelta era ya muy tarde. No estarás sorprendido, ¿verdad? Tú ya sabías que soy una chica sin oportunidades, ¿qué esperabas de mí? Yo solo quiero salir de este tugurio y prosperar, muy lejos de aquí, volar a cualquier ciudad, abrir mi propio bar, ser feliz… yo sé que realmente usabas mi cuerpo para escapar de tu matrimonio. Pero ahora soy yo quien escapa de ti. Pero sola me da mucho miedo.

Esta gente me da escalofríos. Cuando me miran como ahora, siento ser la víctima de una jauría de lobos. Al principio, solo fueron uno o dos fajos de billetes. Sé en qué parte de la habitación los escondías. Simplemente, se me fue de las manos. Era tanto dinero junto… la tentación me pudo más que mi conciencia y ahora tengo miles de billetes entremezclados con mi ropa, también entre mis bragas. Dinero y sexo, lo que siempre te gustó. Tengo el coche listo para irme en cuanto termine este teatro. Arrancaré a toda hostia, lo más lejos sin repostar para perderos a todos para siempre de mi vida. He pensado en cambiarme de nombre y ponerme rubia, sí, rubia, como en las películas… Luca, ¡qué muerto estás!, al final creo que sí te llegué a querer.

godfellas 2

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Lo que costó meter al gordo en el coche… No sabía que pesara tanto il capo. Aunque lo peor no fue cargar tanto con el cuerpo, porque éramos muchos, sino hacer que se hundiera con el Fiat para que tardaran en encontrarle. Vaya puta mierda todo esto. Pensaba que sería todo más sencillo. Pero es matar al gordo y tener que limpiar toda la porquería que dejó. Tengo claro que lo urgente es deshacernos de su zorrita. Sí, esa camarera de medio pelo del Angelo, la Martina, que se ha intentado ir de lista con gente que lo es más que ella. ¿De verdad creía que nadie se daría cuenta? Y, encima, delante de nuestras narices. La muy guarra nos tomaba por imbéciles al esconder todos esos fajos de billetes en el maletero de su coche. Sabemos que está a punto de largarse, pero lo que no sabe es que aquí nadie se va sin nuestro consentimiento. Y si lo tiene, con los pies por delante. Luca se ablandó con ella, al jefe siempre le descuidaron las faldas, vete a saber que mierdas le habrá sacado por esa boquita de putita que tiene. Sabe demasiado, es una amenaza. El otro día ‘Il bulgaro’ me dijo que encontró en su casa el collar de perlas de la esposa del signore Bianco, el banquero al que hicimos desaparecer hace tres meses con su mujer. Gravísimo. El Jefe iba dejando pistas según iba oliendo coños. No quiero ni pensar que hubiera pasado si finalmente la Interpol hubiera sospechado ¡el final de la profesión! Pero sabemos curar la herida antes de que sangre y los 10 kilos de explosivos adosados a los bajos de su coche serán suficientes para volver a la tranquilidad. En cuanto a Elisabetta, algo en su mirada me inquieta porque rezuma una venganza que nos traerá problemas. No lo tengo decidido pero estoy mirando la manera de que se ocupen de ella. Nada sucio. No escatimaremos en la dignidad de la que ha sido la mujer de un gran capo. Sin embargo, lo que me realmente me retuerce es el remordimiento de tener que matar a la mamma de mi hijo Gabriele, pero tranquilo, mi querido Luca, cumpliremos con tu legado porque el negozio siempre es el negozio.

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