Trump

Omar Mateen, un joven de 29 años nacido y criado en los EE UU, de padres afganos y tan estadounidense como cualquier otro y tan homófobo como millones de ellos, entró a sangre fría en el club Pulse de Orlando y mató  a 50 personas durante tres horas con un subfusil de asalto.

Según su padre no era una persona muy religiosa pero sí que era muy agresiva e inestable como dijo su ex mujer. No entiendo cómo Estados Unidos puede luchar contra el terrorismo dentro de sus fronteras si un tío que ha estado vigilado por el FBI y que según su ex mujer era muy inestable, va y se puede comprar un subfusil de asalto a lo John Rambo como quien compra una barra de pan.

Ya estaba todo listo, todo preparado para lanzar titulares: Un musulmán asesina a 50 homosexuales; Un terrorista islámico asesina a 50 gays; Un afgano trae la guerra a nuestra casa. Parecía ser que fuera un orco, que lo es, que ha hecho un atentado en Rivendel, idílica tierra de elfos de El Señor de los Anillos; seres superiores, más guapos, más pacíficos y más sabios que ninguno pero, EE UU, tampoco lo es tanto.

Una masacre de estas características siempre es manjar para buitres de traje y corbata para sacar rédito político y Trump no iba a ser menos. Esta masacre le ha venido como anillo al dedo para hacer ver que tiene razón y que lo que dice es verdad, que la inmigración es mala y los musulmanes son terroristas que odian a los EE UU; y que es el único que puede coger al toro por los cuernos. Pero le ha salido el tiro por la culata.

Trump dice que si los 50 asesinados en Orlando hubiesen llevado armas no hubiesen muerto. O sea, ya no es que diga que hay que restringir las armas, sino que quiere más armas en las calles. Viven con un pie en el siglo XXI y otro en el lejano Oeste Americano. Un país donde hay más armas que habitantes, donde están la mitad de las armas que hay en todo el mundo y donde la Segunda Enmienda les otorga el derecho a llevarlas para protegerse, para formar milicias y para derrocar a algún posible gobierno tirano que les toque. No sé cómo ese país aún no ha implosionado: con todo esto, sólo mueren unas 35.000 personas al año por armas de fuego sobre una población de más de 300 millones. Una cada 16 minutos; más o menos unas 100 personas al día y un millon y medio desde 1970, más que en todas sus guerras juntas. ¿Sabéis cuál es la solución para Trump y para gran parte de la sociedad de los EEUU? No dejar que lleguen inmigrantes de países donde EEUU haya sufrido un atentado y sacar más armas a las calles, porque seguro que si ese millón y medio hubiese estado armado y sin esos inmigrantes, no hubiesen muerto…

A Trump le ha salido el tiro por la culata porque, además, ha salido a la luz que el asesino era asiduo al club gay de Orlando y que tenía una app para citas entre homosexuales; o sea, muy yihadista.

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