Fotografía: Juan F. López

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Dialogados es un proyecto de periodismo tranquilo que quiere recuperar el tiempo para el diálogo. Son los testimonios personales los que muchas veces ayudan a entender un momento, un lugar, una obra, una generación. Son las emociones transmitidas las que pueden ayudarnos a comprender una utopía en un tiempo exacto.

Las estadísticas dicen que solo uno de cada 16.000 deportistas llega a vivir profesionalmente de su pasión. Si encima tu pasión es el waterpolo y no vives en un país de los Balcanes o alrededores hay que echarle aún más pelotas para alcanzar tu sueño, porque las pelotas del waterpolo, al contacto con el agua, son más escurridizas y esta disciplina en España no pasa por sus mejores momentos. Las estadísticas dicen también que, de acuerdo con la realidad social, en el deporte debe de haber un porcentaje significativo de gais pero, de momento, todo se queda en la perífrasis modal hipotética porque, mientras la sociedad avanza en hacer suya la diversidad afectiva, la homosexualidad sigue siendo un tabú en el mundo de la alta competición. Víctor Gutiérrez (Madrid, 1991), gay y uno de los mejores boyas en España, ha decidido que quiere ser feliz en la vida haciendo lo que quiere y al lado de quien quiera. Por eso, pese al revés de haberse quedado fuera en la última convocatoria olímpica, pelea dentro del agua por llegar a lo más alto. Por eso, para ayudar al cambio y normalizar la homosexualidad en un ámbito machista, ha decidido contarle al mundo quién es él.

–A comienzos de julio, después de una buena temporada y sin esperarlo, tu camino a los Juegos Olímpicos de Río quedaba truncado. Te declarabas entonces “tocado pero no derrotado”. Vuelves a la competición deseando afrontar nuevos retos. Visto en perspectiva, ¿era tu momento?

–Creo que estaba en el momento perfecto por edad, tengo 25 años, por la trayectoria que llevo con el equipo nacional y, desde luego, por el rendimiento de la pasada temporada. En el Canoe acabamos terceros en la liga y yo, a nivel individual, terminé como segundo máximo goleador nacional de la liga regular. Lo veo con perspectiva y miro todo el esfuerzo que he puesto, que muchas veces no basta, pero al que además le acompañaron los resultados tanto a nivel colectivo como individual. Yo tenía la confianza de que iba a estar entre los trece que irían a Río. Al final el seleccionador decidió llevarse a otro perfil de jugadores en mi posición. Es una decisión subjetiva que creo que hay que respetar. Sí que ha sido una decepción porque creo que podría haber aportado muchas cosas al equipo, pero me lo tomo como una lección de vida. Soy joven, aún me queda carrera deportiva y seguro que tendré otras oportunidades para estar ahí.

–¿La séptima plaza en Brasil, como la sexta en Londres, saben a poco?

–Los Juegos Olímpicos son la competición en la que todo el mundo quiere brillar y donde todos tenemos más expectativas puestas. No hay rival pequeño, todos los equipos son complicados e intentan apurar al máximo sus opciones y oportunidades. Cualquiera puede dejarte fuera. El resultado no lo considero un fracaso, ni mucho menos, pero creo que España siempre tiene que estar preparada para luchar por las medallas.

–El capitán de la selección, Willy Molina, abandona la selección. Dice que hay que cerrar un capítulo “porque después de muchas derrotas duras, es el instante de dejar pasar a gente con nuevos estímulos y que esté más fuerte que tú”. ¿Se palpa desde dentro esa necesidad de renovación?

–Sí. La renovación tiene que irse produciendo de una manera natural, mucho más cuando acaba un ciclo olímpico y tienes por delante cuatro años para trabajar. Creo que es el momento perfecto para dar entrada a gente nueva que va pidiendo paso. Esta es una generación que lleva muchos años compitiendo en el primer nivel, que ha dado muchas alegrías al waterpolo español, pero es verdad que en los últimos años parece que los resultados no han sido los esperados.

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–Otra retirada del waterpolo español, en este caso del femenino, es la de Jennifer Pareja, que quedó muy tocada cuando, al igual que en tu caso, su seleccionador, Miki Oca, anunció que no contaría con ella. “No es que haya perdido la pasión pero me ha faltado ilusión dentro del agua para seguir jugando”, dijo. Tú tienes mucho camino por delante, pero enfrentándote a la presión de la competición de élite, ¿te has planteado alguna vez colgar el gorro?

–El deporte profesional tiene esos momentos dulces que uno disfruta como el que más pero también tiene momentos amargos. Cuando hay detrás tantísimo trabajo, tantísimo sacrificio y llega una de estas decepciones hay veces que uno se plantea si merece la pena tanto esfuerzo por un deporte que al final es minoritario y no está tan reconocido. Creo que es humano tener este tipo de dudas. Al final todos los que practicamos deporte a alto nivel hemos optado por seguir adelante con la que es una de nuestras pasiones. Forma parte de la vida del deportista el tener esos momentos de bajón pero enseguida uno los supera. Me hablabas de Jennifer Pareja. Ella ya lleva una trayectoria muy larga a sus espaldas, la mía no lo es tanto aún, pero sí que es una cosa que le pasa a cualquier deportista.

–Hemos vivido una época tan dorada en el deporte español que ahora es difícil encajar el no vernos levantando una copa. Tenemos seguramente las generaciones de jóvenes deportistas más motivados porque han visto que todo es posible, pero siempre en España se señala la falta de apoyo al deporte base, que es de donde se tiene que nutrir el de élite. ¿Se ha notado la crisis también en el waterpolo?

–Totalmente, el waterpolo va camino de convertirse en un deporte amateur o semiprofesional. Cuando empecé a jugar en División de Honor, hace ocho años, absolutamente todos los jugadores en todos los equipos eran profesionales. La situación ahora es muy diferente. Sin ir más lejos, en mi equipo la mitad de los jugadores no tienen ni siquiera beca. Hay equipos en División de Honor, en la máxima categoría de un deporte, que son amateurs, sus jugadores no cobran ni un solo euro. La crisis ha afectado a todo tipo de sectores y el deporte no se ha escapado. Sí que se echa en falta un poco de apoyo institucional porque luego cuando llegan los Juegos sí que se exigen resultados. Es muy injusto pedirlos una vez cada cuatro años cuando el apoyo no existe. La situación del deporte deja mucho que desear en España.

–Qué duro debe ser tener que optar por seguir con tu carrera deportiva o centrarte en una profesión que te dé dinero.

–Yo tengo muchísimos compañeros que han optado por dejar el deporte porque, al final, no les compensaba. Tenían que hacer un sacrificio a nivel académico por amor al arte. Es una situación complicada.

–En Estados Unidos hay más de 3.500 universidades que ofrecen becas a waterpolistas para que jueguen en sus clubes de manera profesional y subvencionan sus estudios. La fuga de talentos no solo se da en la ciencia. ¿Cómo ha sido sacarse una carrera aquí combinándola con la alta competición?

–He hecho Periodismo y Comunicación Audiovisual. He tardado tres años más porque al final me coincidían muchísimas veces horarios de entrenamiento con clases. Lo he ido salvando pero me ha costado lo mío. Conozco casos de compañeros que estudian otras carreras como Medicina que se les hace prácticamente imposible. Al final tienes que valorar qué es lo que te merece la pena, si decides continuar con el deporte, si tienes tanta prisa por salir al mercado laboral… Yo, en mi caso, estoy disfrutando muchísimo del deporte. Tengo la suerte también de estar becado. He podido acabar la carrera y ahora tengo también por delante otro tipo de puertas a nivel profesional. Pero en España la situación en el mundo de la universidad en relación con el deporte es muy diferente a la de Estados Unidos. Allí el deporte está muy cuidado y es muy respetado, aquí todas las universidades tienen planes de apoyo a deportistas pero, realmente, a efectos prácticos, nadie los conoce, tienes que andar dando explicaciones, mostrando papeles que certifiquen que eres deportista, peleándote con los profesores en muchísimas ocasiones. Se hace complicado. En Estados Unidos la situación no solo es diferente por las becas, sino por el apoyo real al deportista.

–En otros países como Croacia, Hungría o, incluso, Italia la situación del waterpolo es bien distinta. ¿Te plantearías salir de España si se diera el caso?

–Este verano he tenido ofertas del extranjero. Al final para tomar este tipo de decisiones tienes que poner en la balanza muchas cosas entre las que no está única y exclusivamente el deporte. En mi caso, obviando un poco el tema deportivo, a nivel personal y académico me interesaba más continuar aquí. Pero sí que es verdad que en Italia, Francia y, por supuesto, en Hungría hay mucho más dinero y proyectos deportivos interesantes. Por eso en los últimos años en España estamos presenciando una fuga de talentos hacia ese tipo de ligas.

–¿Y competir con otras selecciones? Xavi García, por ejemplo, fue internacional con España hasta 2014, y este año se ha colgado la plata después de participar en sus cuartos Juegos Olímpicos defendiendo los colores de Croacia.

–Es una situación un poco complicada. Uno tiene que verse en esa circunstancia. Cuando en tu país ves que no tienes oportunidades y te surge la opción de poder estar en un equipo de los más competitivos optando a medalla en cada campeonato es difícil rechazarla. En los últimos años, en muchísimas modalidades del deporte, hemos visto un buen número de idas y venidas de jugadores que se nacionalizan. Es un tema complejo en el que entran en juego muchos factores más allá del sentimiento por tu país.

–¿Se nota también la diferencia entre Madrid y Barcelona? La mayoría de jugadores de la selección vienen de allí. Históricamente se habla de dos escuelas con tendencias muy marcadas.

–Sí que hay grandes diferencias, principalmente porque en Catalunya se cuida muchísimo más el deporte que en Madrid. Estamos hablando de que allí prácticamente en cada barrio hay un polideportivo con su club de competición, con su equipo de waterpolo. Aquí en Madrid hay poco más de diez clubes y, a nivel de liga nacional, en División de Honor solamente uno, que es el Canoe, frente a diez equipos catalanes que juegan en la máxima división. Evidentemente, el circuito que se organiza allí favorece que el nivel sea mayor, hay más tradición en este deporte. Aún así, los jugadores madrileños tenemos un coraje y una garra que siempre se ha admirado por parte de los jugadores catalanes y, sin ir más lejos, el año pasado quedamos los terceros en la liga por encima de muchos equipos de Catalunya.

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–Vamos a remontarnos a tus comienzos. ¿Cuándo descubre uno que la piscina es lo suyo?

–Empecé a nadar con dos años. Mis padres, por tener la tranquilidad de no tener que estar pendientes cuando nos fuéramos de vacaciones y me acercase al agua me llevaron a clases. Desde entonces el agua siempre ha sido mi medio. Desde los dos años estoy en las piscinas, con ocho empecé a hacer waterpolo y hasta el día de hoy. La vida me ha ido llevando por este camino y me siento muy afortunado de haber encontrado un deporte en el que soy bueno y que me apasiona tanto.

–E imagino que agradecido a los que te han llevado hasta aquí.

–El que esté a día de hoy aquí es gracias, principalmente, a mis padres. Cuando uno no tiene edad suficiente como para ir a entrenar solo o a los partidos en los fines de semana ellos son clave. Entiendo que a muchos padres, después de estar toda la semana trabajando, les apetezca entre muy poco o nada llevar a los niños el domingo a las 9 de la mañana a jugar un partido a Colmenar Viejo, por ejemplo. Mis padres han puesto su empeño y su sacrificio para que yo desde pequeño disfrutase del deporte y pudiese competir. Luego me vienen a la mente también muchos entrenadores en mi trayectoria deportiva que han sido claves. Si me pongo a agradecer me quedaría corto.

–¿Y cómo recuerdas esa sensación cuando te llaman por primera vez para representar a tu país?

–Cuando uno hace deporte profesional es lógico que la meta mayor sea llegar a la selección. Es un orgullo y una satisfacción total, como cumplir un sueño.

–A finales de la temporada pasada declaras abiertamente tu homosexualidad, casi al tiempo que el patinador olímpico sobre hielo Javier Raya. Fue en el momento de tu vida y de tu carrera en el que te sentías preparado para decirlo públicamente. Pero estamos en 2016 y sois los primeros deportistas de élite en dar este paso en España. ¿Por qué va el mundo del deporte por detrás de la sociedad al asimilar como normal lo que de por sí lo es?

–La homosexualidad es un tema que en muchísimos ámbitos de la vida no está normalizado, no es un tema fácil de tratar, y el deporte es uno de ellos. Tiene un halo machista, parece que uno no puede ser homosexual y tener las cualidades que necesita para ser un buen deportista. También existe miedo al rechazo en el vestuario, miedo a que la gente te dé de lado, que te critiquen o que te juzguen. Todos esos condicionantes lo que hacen es que las personas decidan vivir su vida de una manera privada, continuando en el armario. Lo que hay es miedo… Miedo. A nivel particular nunca he sentido ese miedo, no he tenido ningún inconveniente, y creía que era muy importante compartir con los demás mi experiencia positiva que es algo que, por desgracia, no se da demasiado en el deporte.

–Poco antes de que tú nacieras, en 1990, Justin Fashanu, un futbolista de la liga inglesa, declaró públicamente su homosexualidad. Sufrió el rechazo de su familia, de entrenadores, de periodistas… Acabó quitándose la vida.

–Sí, conozco su historia.

–18 años después de la muerte de Fashanu (que se suicidó después de ser acusado de agresión sexual) no sois muchos los que dais un paso al frente, menos aún en España. La mayoría se deciden a dar el paso una vez retirados. En tu caso lo sentiste como una responsabilidad.

–Mi familia lo sabía y tenía su apoyo. Con mis amigos ocurría exactamente lo mismo. Y dentro del deporte ha llegado un momento en el que tampoco he querido esconderme. No he querido ser abanderado de nada pero tampoco me he escondido. He dado las explicaciones que debía cuando he querido hacerlo. Al notar que no existía rechazo sino todo lo contrario, que la gente me abría las puertas de su amistad y me trataban respetándome por mi calidad como persona y dentro de la competición por mi rendimiento deportivo, sentí que tenía la necesidad de compartirlo con los demás. Yo he tenido la suerte de no haber sentido la homofobia en mis carnes pero soy consciente de que esa no es la realidad de muchísimas otras personas. A raíz de mi anuncio mucha gente se ha puesto en contacto conmigo para contarme su historia y para agradecerme un gesto que a mí no me ha costado nada y que ha podido servir de inspiración para otras personas

_DSC3498–Hay quien puede considerar innecesario convertir en noticia una realidad como la tuya, pero lo cierto es que en una sociedad donde, al igual que con el mundo de la música o el cine, la gente —y especialmente los jóvenes— ponen en el deporte su foco de admiración faltan referentes en ese deseado discurso de normalización.

–Sí. Ya no es solo por estas personas que se puedan sentir atrapadas y a lo mejor ven una inspiración o un gesto de valentía que ellos intentan imitar, lo cual ya me parece súper importante, sino también por el resto de personas, para que cada vez más vayan viendo que la diversidad que hay en la vida también existe en el deporte: compañeros heterosexuales comparten vestuario con compañeros homosexuales de la manera más normal.

–¿Qué harías con los deportistas que, en el otro extremo han sido noticia por su discurso abiertamente homófobo? Ahí tenemos a Cannavaro, Isinbayeva, Cassano…

–Me parece muy triste. Yo soy una persona que respeto todo tipo de opiniones, pero simplemente pido que se me respete también a mí. La lástima es que ellos son libres de pensar lo que quieran pero al final hablan desde el rencor, desde el odio y desde el desconocimiento. Creo que con esos discursos le hacen un flaco favor a los valores del deporte. El deporte representa unos valores que no son los que están en el ideario de esta gente que, tristemente, son deportistas que tienen voz. Afortunadamente hay muchísima gente que muestra su apoyo y que habla con total normalidad de este tema.

–Comentas que has recibido muchos apoyos. Al margen de los compañeros de tu disciplina y del público en general, ¿te ha llegado en este tiempo algún mensaje de otros deportistas o personalidades en la gestión deportiva?

–Se han puesto en contacto conmigo varias asociaciones relacionadas con el deporte y varias asociaciones que trabajan en la lucha contra la LGTBfobia. De deportistas, compañeros de profesión, waterpolistas de otros equipos y gente con la que hacía mucho tiempo que no hablaba me han dado la enhorabuena por haber dado el paso y me han hecho llegar su apoyo y su simpatía. No he recibido ningún mensaje negativo. Más contento no puedo estar.

–Hablábamos antes de ser espejo para otros. ¿Cuál ha sido, por cierto, el principal referente deportivo en tu historia?

–Mi referente deportivo siempre ha sido Rafa Nadal. Creo que, aparte del mejor deportista en toda la historia de España, es una persona que tiene un carácter y una mentalidad súper fuertes que a cualquier deportista le gustaría poseer. Nunca se rinde, es humilde… Su disciplina no tiene nada que ver con la mía pero creo que representa a la perfección todos los valores del deporte.

–Naciste en el 91, así que no viviste conscientemente la plata de Barcelona’92 ni quizá el oro de Atlanta’96 que consiguieron los integrantes de la selección española de waterpolo, pero estoy seguro de que has visto esas imágenes muchas veces.

–Es la mejor generación que ha habido en la historia del waterpolo nacional. Fueron tres veces campeones del mundo, subcampeones y campeones olímpicos… Es una generación prácticamente irrepetible. También es verdad que el waterpolo ha cambiado mucho desde entonces pero se juntó un grupo de amigos que llevaron al waterpolo a lo más alto. Ojalá se pudiese repetir ese tipo de generación. El talento lo tenemos pero falta el apoyo institucional.

–Pocos conocen bien el esfuerzo que se esconde detrás de vuestros logros. Aquellos jugadores han llegado a recordar como un verdadero infierno su experiencia bajo las órdenes de Dragan Matutinovic. Llevaba hasta el extremo su resistencia con unas formas casi militares. No es tampoco lo normal ese estilo, pero los deportistas de élite estáis hechos de una pasta especial. ¿Cómo te preparas tú psicológicamente?

–Nosotros hemos tenido también entrenadores que no eran Matutinovic pero, desde luego, sí de su escuela. Como dices, la parte física al final la puedes sobrellevar porque piensas que son a lo sumo ocho horas al día y te lo vas a quitar de encima. Es la parte psicológica la que te hace estar o no estar. Hay jugadores que físicamente son muy buenos pero que psicológicamente no son tan fuertes y se rinden antes de tiempo. Yo, al final, intento pensar que estoy haciendo lo que me gusta y que merece la pena el sacrificio y el esfuerzo. No siempre es fácil verlo de esa manera positiva, desde luego, pero al final todo pasa. Aunque veas que por delante quedan tres meses de preparación horrorosa van a pasar y el esfuerzo lo vas a recordar toda tu vida pero como algo anecdótico. Al final lo que más queda son los éxitos o los fracasos.

–En el apartado de frustraciones, gente como el entonces capitán, Manel Estiarte, o _DSC3650Miki Oca, que falló un tiro decisivo en el último momento de la final de Barcelona, llegaron a decir que nunca dolió tanto ganar una medalla olímpica como entonces. Aunque estaban haciendo historia, aquella plata la vivieron como un auténtico fracaso. Pero es que el fracaso también es una realidad en la vida del deportista.

–Yo no le tengo miedo al fracaso porque considero que fracasar es no intentarlo, no poner todo lo que está en tu mano para conseguirlo. Si tú das hasta la última gota de sudor, te esfuerzas día a día y luego llega el momento y no lo consigues no es un fracaso, es simplemente que la vida ha querido que sea así. Miedo al fracaso no, tengo miedo a rendirme, a no intentarlo. Eso sí que lo considero un fracaso, el fallar no.

–También hay que ser fuerte para encajar los logros. Presión más éxitos es también un cóctel explosivo. De aquella época nos queda el testimonio de Pedro García Aguado, que pudo salir del bache, y el recuerdo del malogrado Jesús Rollán, que no lo logró. ¿Hay miedo a perder las riendas?

–Sinceramente, no. Ellos son de una generación en la que tenemos que remontarnos a la Espala de hace 25 años. Fue gente que abandonó muy pronto su casa, que no tenían tanto apoyo como existe ahora para poder seguir haciendo deporte y estudiando. Al final, lo analizas fríamente y ves a chavales de 18 y 17 años fuera de sus casas con bastante dinero, porque también la situación económica dentro del deporte era diferente. Es más fácil que se te vaya la cabeza con todos estos condicionantes añadiendo además que tenían muchos éxitos. Ahora prácticamente todos los jugadores de waterpolo estudiamos o hemos estudiado porque tenemos claro que de esto no se puede vivir. Al final la competición tiene una fecha de caducidad y tú tienes que guardarte las espaldas y tener un futuro para cuando dejes el deporte.

–Cuando llegaste al Canoe te dijeron que tenías que engordar diez kilos e imagino que a
base calorías. ¿Cuáles son las mejores cualidades que debe atesorar un boya de waterpolo?

–Un boya tiene que aunar fuerza y agilidad. Al final, un boya muy ágil pero al que le falta ese punto de fuerza siempre va a encontrarse a defensores mucho más poderosos que él que le van a impedir hacer su trabajo. Un boya que sea muy fuerte pero poco ágil es también fácil de defender. Hay que encontrar un equilibrio para tener la fuerza suficiente para poder luchar y la agilidad suficiente para moverte con frescura.

–En esta temporada en el Canoe estrenáis ilusiones y en cierto modo entrenador, Javier Cáceres, aunque el técnico pase su segunda etapa en el club. ¿Qué metas son objetivamente alcanzables?

–Nosotros este año hemos tenido bastantes bajas, la situación económica del club también ha cambiado. Ahora tenemos un equipo de gente súper joven, gente que viene de otras categorías. Igual que el año pasado luchábamos por estar entre los dos o tres primeros este año las prioridades han cambiado. Tenemos el objetivo de meternos en la Copa del Rey y clasificarnos para el play-off; eso significa estar entre los ocho primeros de la liga. Tenemos que darnos tiempo. Aunque es la segunda etapa de Javi estamos empezando un proyecto totalmente nuevo, la gente todavía no tiene la suficiente experiencia. Hay que ir sin prisa, haciendo las cosas bien, formando a la gente y dando mucha guerra. Mi objetivo es estar entre los seis primeros, que creo que tenemos equipo para ello, pero tampoco hay prisa. Este un proyecto de largo recorrido.

Perfil biográfico

Antes de aprender a sumar o memorizar el abecedario, Víctor Gutiérrez (Madrid, 6 de marzo de 1991) ya se movía como pez en el agua por el líquido elemento, dulce y clorado. Con apenas dos años sus padres lo lanzaron al medio acuático para que aprendiera a defenderse. Lo hacían con la mente puesta en el veraneo familiar junto a las olas en algún rincón del litoral patrio. Nunca pensaron que aquel acercamiento a la pileta derivaría en una pasión que fue creciendo hasta convertirse prácticamente en un estilo de vida. Sus primeras brazadas las dio en la antigua piscina de la Ermita del Santo de Madrid, que en su momento tuvo que echar el cierre por problemas económicos. Víctor peregrinó entonces hasta el Club Natación Moscardó, en el distrito de Usera, pero allí permaneció solo unos meses para acabar aterrizando en la que sería su casa durante una década, el Club de Natación La Latina, que viene dando guerra en la capital desde 1969. Y, de repente, el balón amarillo se cruzó en su vida para cambiarla. Con ocho años y viendo sus destrezas a nado alguien, con buen ojo, le sugirió probar suerte en el waterpolo, un deporte que, si bien tiene una nómina de federados considerable, en Madrid no es tan popular como puede serlo en Catalunya ni en España arrastra a tantas masas como lo hace en Croacia, Serbia, Hungría o Italia. No se equivocaron con él. Cambió las gafas por el gorro y el balón para ir pasando por todas las categorías del club, formando parte tres años del equipo absoluto en la 1ª División Nacional.

_DSC3323De sacrificios él, como todos sus compañeros, sabe bastante. A los 16 años ingresó en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) para cursar el bachillerato. Entrenaba tardes y mañanas y estudiaba al medio día en un colegio con horarios adaptados. Luego ha seguido compaginando el deporte con la formación, algo que en España no es tan fácil. Acaba de terminar el doble grado de Periodismo y Comunicación Audiovisual, una carrera que tenía claro desde pequeño que era la suya porque se considera un apasionado de todo este mundo.

Con la mayoría de edad le llegó la oportunidad de ingresar en el Real Canoe, un clásico del que desde su fundación en 1930 ha salido la mejor cantera del olimpismo madrileño en deportes de agua. Allí ejerce como boya. El trabajo del boya en el waterpolo permite la progresión ofensiva del equipo, por eso está considerada la posición más importante. Mirando al mundo desde la perspectiva de su 1,94 de estatura y la anchura de su corazón, que late con lo que le apasiona, Víctor asume ese reto con la misma valentía con la que mira a la vida. Pocos días después de que lo hiciera el patinador olímpico sobre hielo Javier Raya, Gutiérrez daba a conocer a la sociedad su homosexualidad demostrando que, aunque muy lentamente, algo está cambiando en el mundo del deporte y abriendo camino en España, donde hasta la fecha nadie en la alta competición había salido del armario. “Como deportista homosexual siento la necesidad de dar la cara”, dijo en ese momento. Lo hizo buscando romper tabúes y ayudar a los que no tienen la misma suerte que él, que ha contado siempre con el apoyo de su familia, sus amigos y su equipo.

En lo personal le espera todo el futuro por delante para intentar ser feliz y hacerlo sin ataduras. En lo deportivo, si el cuerpo acompaña, todavía le quedan muchos años para seguir sumando éxitos. Ya tiene los títulos de subcampeón de Europa sub 18, subcampeón del mundo sub 20, subcampeón de Copa del Rey y Supercopa de España en 2013. Ha sido internacional en numerosas ocasiones con la selección nacional de waterpolo de España y fue convocado como miembro del equipo olímpico español para los Juegos de Río de Janeiro de 2016 aunque, a última hora y de manera inesperada, se cayó de la lista. Víctor vivió ese momento con dolor pero lo asumió como una lección de vida y espera poder volver pronto a defender el rojo debajo del agua. Ha recibido ofertas para emigrar a otras ligas pero siente que en este momento su sitio está donde le pide el corazón, y ese lugar es Madrid.

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