Fotografía: Queralt Castillo Cerezuela

Ángela García, de Penguin Random House, nos prepara la cita con Sara Fratini, que estará una semana en Barcelona promocionando su nuevo libro “Una tal Martina y su monstruo”, en las oficinas de la editorial. Travesera de Gracia. Espero diez minutos fuera, haciendo tiempo para no llegar antes de la hora y pienso en la cantidad de títulos increíbles que leo cada año y que salen de este imponente edificio en el corazón de Barcelona. Sueño despierta y me imagino trabajando en una editorial, con decenas, cientos de libros a mi disposición. Para hojear, para leer en profundidad, para aborrecer.

Entro y le comento a la conserje mis planes: he quedado con Sara Fratini a las 10.30. Vale, espera. Espero y hojeo un par de trípticos sobre la casa. Escuela de escritura cursiva, cursos de edición, cursos de lectura profesional, de relato corto… ¡Qué interesante! Igual podría hacer un curso online de… Y vuelvo a la realidad: apenas tengo tiempo para descansar… ¿Cómo voy a liarme ahora con un curso?

Ya puedes pasar, me dice la conserje. Arriba, en la séptima planta, me espera la ilustradora.

Me lo he pasado genial leyendo el cómic. Conocí tus ilustraciones cuando mi antigua compañera de piso me regaló una posta donde sale una chica mirándose en un espejo y el reflejo es un monstruo. Abajo dice “A veces, nosotros somos nuestros peores enemigos”. La tengo debajo del espejo. ¿Cómo nace Martina Rosetto?

Rosetto significa pintalabios en italiano. Mi personaje siempre anda obsesionado con el pintalabios rojo. Martina es esta chica extrovertida, autónoma, que se siente muy a gusto consigo misma, pero eso ni significa que siempre haya sido así. Ella vive con ese monstruo, que es una metáfora de los miedos y las inseguridades. En su caso, ha conseguido domesticarlo y el monstruo se ha vuelto chiquito. Todo el libro está lleno de metáforas de la vida cotidiana.

Yo trabajo con adolescentes y es increíble los modelos que tienen. Están rodeados de mensajes absolutamente erróneos, youtubers que les dicen lo que tienen que hacer para estar guapas, les hablan de vida que ellas nunca van a tener. ¿Cómo se podrían lanzar mensajes como el que lanza Martina a estas generaciones más jóvenes?

–Eso llevo pensándolo hace un tiempo. Los mensajes que hay en este libro, y los que hay en el anterior, son mensajes que me hubiese encantado recibir a mí durante mi adolescencia, cuando las inseguridades me salían por los poros. Los youtubers, las revistas, Internet… Es muy fácil conseguir el mensaje equivocado. Yo creo que a cualquier adolescente que le llegase un mensaje de Martina se podría sentir identificada. Es complicado, primero porque la adolescencia es un lío, el momento más difícil: no sabes quién eres, hacia dónde vas, qué quieres… Te dejas llevar mucho por lo que ves y lo que rodea a estos jóvenes son mensajes erróneos, la mayoría.

Ahora los youtubers también sacan libros…

–Sí, parece que se ha puesto de moda.

Y son superventas.

–Sí, si no tienes la base o la inteligencia para identificar qué cosas sí y qué cosas no… Es fácil dejarse llevar. Te venden el mensaje de “yo antes era tal y ahora mira, soy esto”. Los adolescentes se fijan en los seguidores que tiene esta gente.

Y les dicen que alguna marca los va a invitar a Coachella si se lo proponen, cuando lo más probable es que sean como Martina Rosetto, con penurias para llegar a final de mes y algún problemilla de autoestima mal resuelto.

–Exacto.

Me siento muy identificada con alguna de tus viñetas. La del pelo rizado, cuando Martina se vuelve loca intentando arreglarlo.

–Para el tema del pelo me he fijado en mi hermana, que lo tiene muy rizado. Con Martina quería mostrar todas las imperfecciones que nos hacen únicas y felices. Yo tengo una amiga que también se llama Martina, tiene sobrepeso. A veces yo estaba deprimida, sin ganas de arreglarme ni nada… Y la veía a ella, tan contenta con sus quilos de más…¡Qué envidia! Todo está en la actitud. Ser feliz no es que te inviten al Coachella porque eres perfecta.

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¿Mucho trabajo el de ser ilustradora?

–Sí. La gente sólo suele ver la parte bonita: las ilustraciones, el producto final. No estás todo el tiempo haciendo dibujos y siendo feliz. La ilustración es como la televisión: lo que se ve es el producto acabado, el programa, no se ve el trabajo que hay detrás.

Eso nos pasa a los periodistas con las entrevistas. Es muy bonito entrevistar a alguien, no tanto transcribirlo…

–Exacto.

¿Cuánto hay de Sara Fratini en Martina Rosetto?

–Bastante. Intenté separarla de mí pero terminamos muy unidas. Yo también soy súper desordenada, también soy autónoma y he tenido muchas de las inseguridades de las que habla Martina. Hay alguna, incluso, que es un guiño a mi infancia. Inevitablemente Martina tiene mucho de mí.

Siempre hay algo de uno mismo en lo que se dibuja, se escribe, ¿no? Aunque hablemos de ficción…

–Sí, seguro.

Tú estudiaste Bellas Artes en Madrid. ¿Cuándo empiezas con la ilustración, con la infinidad de disciplinas que encontramos en el mundo del arte?

–A mí siempre me había gustado ilustrar, pero lo había dejado de lado. Cuando yo estudiaba Bellas Artes, muchos profesores solían emplear el adjetivo “ilustrativo” despectivamente. “Esto es demasiado ilustrativo”, decían. Y significaba que estaba mal. No era lo que mejor se veía en Bellas Artes. Allí tienes que ser dibujante, pintor, artista. Está mal visto ser ilustrador. Fue una batalla conmigo misma, a mí me gustaba; me compraba libros y los seguía a través de blogs, en aquél momento no había Facebook. Luego me fui de Erasmus a Francia. La facultad era distinta y ser ilustradora estaba mejor visto. Se valoraba más. En esa época ya había Facebook y decidí colgar cada día una ilustración. Fue así como me metí en la ilustración. Fue ese año, mientras mis amigos estaban de fiesta yo dibujaba. Poco a poco fui entendiendo cómo funcionaba la ilustración.

Fue una lucha, en realidad, porque lo que hacía antes no tenía nada que ver. Hacía dibujos más realistas. De repente cambié el estilo de dibujo y hasta mis amigos se sorprendieron. A algunos les gustaba más lo que hacía antes, pero a mí, no.

Y te fue bien… Artista, ¿se hace o se nace? Hay gente que cree que los estudios de Bellas Artes no son necesarios.

–Yo soy de las que pienso que sí son necesarios. Si no hubiese estudiado, nada de esto hubiese pasado. Yo hago murales también, y aplico muchos de los conocimientos que adquirí durante esos años de facultad. La facilidad que tengo para hacer un mural es gracias a esos estudios. Por ejemplo, ayer estaba terminando una cosa en cerámica. Si no hubiese hecho algo de escultura, no lo hubiese sabido hacer.

También es cierto que conozco a personas que son autodidactas y son increíbles. Creo que depende de cada persona.  En la carrera matas la curiosidad con todo, aprendes muchas disciplinas. Para mí, fue un parque de diversiones.

¿Cómo te relacionas con lo digital? Es fácil comprarse una tableta e ilustrar aunque no tengas ni idea… Parece que vivimos en una época en la que todo el mundo es escritor, fotógrafo, escultor, ilustrador…

– [Ríe y saca un cuaderno de papel] Aquí está mi soporte. Yo soy muy analógica. Hace un tiempo se me dañó la cámara analógica y no he vuelto a comprar ninguna. He dejado de hacer fotos. Yo siempre dibujo a mano. Mi trabajo consiste en dibujar y escanear. Hago un trato mínimo con Photoshop. Yo intento que mis dibujos queden bien antes de pasarlos al ordenador. No soy la mejor persona con los cachivaches digitales. Tenía una tableta pequeñita que me ha ido muy bien para hacer el libro, pero he estado sin usarla durante cuatro años. Los coloretes de mis personajes es lo único que yo pongo en digital. De hecho, en el ordenador, no sé hacer casi nada. Soy muy floja para lo digital. Te podría pintar un mural entero antes que entender el Illustrator.

En eso que dices… sobre lo de que todo el mundo se considera artista hoy en día… pues han influido mucho las redes sociales. Para los editores es fácil: cogen a alguien con mucho seguidores y deciden publicarlo. La mitad de la faena está hecha. Ya no nos fijamos tanto en el talento de las personas, sino en la influencia que tienen. Que haya youtubers que tengan libros publicados, pues no lo sé… ¿qué quieres que te diga? Probablemente no los hayan escrito ni ellos.

¿Estamos viviendo un boom de la ilustración o me lo parece a mí?

–Tienes razón. Estamos viviendo un momento muy bueno. Hace algunos años pasó con la fotografía. Ahora te piden ilustraciones para todo: para etiquetas de botellas de vino, para libros, publicidad… No sé cuánto durará, y debo confesar que me da miedo que termine. De momento, creo que estamos viviendo un buen momento, a nivel  mundial también. Todo el mundo quiere tener un ilustrador para algo.

Sí, estoy pensando en Lapin, que acaba de sacar Cuadernos de Cuba con Malpaso, en Agustina Guerrero y la Volátil, en Moderna de Pueblo, Sagar Fornies…

–Sí, yo creo que es cuestión de modas. Ahora se lleva lo de sacar vídeos cortitos con la noticia, por ejemplo. Nos movemos por modas, para bien y para mal. Vivimos en un mundo en el que todo pasa demasiado rápido. Una ilustración siempre llama la atención, imagino que ese es el motivo de su popularidad actual. Depende de lo que quieras contar, el mensaje llega rápido a través de la ilustración. Además, no debemos olvidar que el dibujo, los dibujos son lo que nos conecta directamente con la infancia. Cuando eres pequeño, siempre quieres leer libros que lleven dibujos. Es la sensación de volver a la infancia. Las cosas importantes además, entran mejor con una ilustración.

He tenido menos de veinticuatro horas para leer tu libro. Cuando me llegó a casa, lo primero que le pregunté a mi pareja, por teléfono, era si había mucha letra. [Risas] Tienes razón, los mensajes entran mejor cuando hay dibujos de por medio. Creo que Una tal Martina y su monstruo se podría considerar una especie de manual de feminismo. Este libro puedes dárselo a una adolescente, pero no un tratado sobre feminismo al uso.

–Exactamente. ¿Conoces a Chimamanda? Ella dio una TED Talk hace un tiempo sobre feminismo. Penguin sacó la transcripción de la charla en un librito, igual tiene veinte páginas, es perfecto. Te lo puedes en un rato. Búscala, en serio, una charla muy inspiradora. La charla se titula “Todos deberíamos ser feministas”, está genial.

El feminismo y las redes, un cóctel… Hablemos de las redes sociales. ¿Cómo te han ayudado en tu proyección? Tú empezaste colgando un dibujo al día en Facebook…

–Sí. Yo creo que es gracias a las redes que ya tengo dos libros publicados. Cuando empecé con el tema de Facebook, aún estaba estudiando bellas artes y no tenía ni idea de lo que quería hacer. Gracias a las redes sociales aprendí a ser constante. Ponía un dibujo al día, siempre diferentes, para ir construyendo una comunidad. También gracia a las redes supe qué personajes quería dibujar y qué temas quería tratar. Poco a poco fui expandiéndome por las otras redes, Instagram y Twitter. Ahora ya es un trabajo: cuando tengo que comunicar algo, lo hago de manera distinta en las diferentes redes. Si se usan bien, son una ventana perfecta para mostrar el trabajo.

También tienen su lado oscuro: el insulto, el menosprecio ¿Te ha  pasado alguna vez?

–Sí, cuando pongo algo muy directo relacionado con el feminismo, saltan los haters. Hombres y mujeres machistas que me ponen…Pero mi relación general con las redes es muy buena. Hace un tiempo hice un dibujo sobre qué era el feminismo que causó polémica. También hice otro sobre el tema de viajar sola. Me afectó mucho aquella noticia de las dos chicas que mataron en Ecuador. A raíz de eso hice varios dibujos sobre el feminismo. En realidad lo hice por mí, pero hubo una respuesta loquísima en las redes, para bien y para mal. Yo siempre digo que si hay un mensaje que te molesta, es que hay algo dentro de ti que no está resuelto.

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¿Proyectos para el futuro?

–Sí tengo alguna cosa pensada, pero tengo que ponerme a trabajar. Me gustaría contar qué significó para mí llegar a Madrid hace diez años. Estoy tomando apuntes, hablando con amigos, recordando… También estoy trabajando en una serie de mini cuentos ilustrados, que incorporan más técnicas, acuarela, lápiz…

¿No te da miedo encasillarte con Martina Rosetto?

–Ese es precisamente el miedo que tengo. Tengo pavor a que sólo se me identifique con Martina. Además, yo me canso muy rápido de las cosas, incluso de mis propios dibujos. Siempre quiero hacer cosas nuevas. Mira te voy a enseñar algunas de las cosas que he estado haciendo últimamente. [Saca  el móvil y me enseña diferentes ilustraciones].

Se mantiene el estilo, desaparece el personaje.

–Si fuese siempre lo mismo, yo me volvería loca. Hacer cosas diferentes siempre está bien.

El 85% de tus seguidores son mujeres. Tienes un target claramente femenino.

–Yo creo que mis ilustraciones son tanto para chicas adolescentes como personas mayores como mi abuela, se pueden reír. Yo creo todas las mujeres se pueden sentir identificadas con alguna de mis viñetas. Yo cuando dibujo pienso en mí, que tengo treinta años pero me siento como cuando tenía veinte, viviendo en el limbo de la precariedad, al día.

Martina Rosetto lee un “Libro de un tal Lucas”. ¿Por qué no abordas personajes masculinos en tus viñetas? Los hombres tienen también decenas de problemas de inseguridad de los que nunca nadie habla. Parece la inseguridad sea una cosa de mujeres.

–En alguno de mis cuentos tengo algún personaje masculino, un viejito. Claro, yo dibujo sobre lo que sé, el mundo femenino. Tendría que estudiar el mundo masculino para dibujar sobre él, y me daría miedo equivocarme. Yo no odio a los hombres, sencillamente quería plasmar ciertas inseguridades femeninas. Yo hablo como mujer.

Yo creo que un Libro de un tal Lucas tendría mucha salida. Piensa en las crisis de los hombres de cincuenta años, de los chavales de treinta cinco  años que tienen miedo a comprometerse…

–Tendría que investigar, pero ¡tienes razón! [Risas] Alguna vez me han pedido ilustraciones masculinas. Lo pensaré.

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