Fotografías cortesía del CCCB

No se sabe al cierto desde cuando la humanidad se pregunta sobre el futuro de su especie, pero hoy en día la cuestión parece reivindicar mayor presencia que nunca en el debate social. Motivo de entusiasmo y pánico entre científicos, filósofos, gente común, Estados y empresas transnacionales, el tema es objeto de disputa en la actualidad. Además de suscitar especulaciones en diferentes ámbitos, lo que está en juego son cambios decisivos en el curso de la historia del hombre y, de paso, de toda la naturaleza.

Buscando promover la reflexión sobre las posibles vías de desarrollo del ser humano y sus consecuencias, el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) acoge hasta el 10 de abril la interesante exposición + HUMANOS. El futuro de nuestra especie. Iniciada en octubre, la muestra ofrece una extensa variedad de documentos científicos y artísticos que interrogan sobre las transformaciones a las que nuestra especie está expuesta en la actualidad y a las que se verá sometida en un futuro no muy distante. Se trata de una oportunidad para cuestionarse los límites del cuerpo humano así como las posibilidades de la ciencia y del arte de alterar las formas de vida en el planeta.

Desde prótesis humanas del siglo XVI, hasta la posibilidad de tener relaciones sexuales a distancia, la exposición comisariada por Cathrine Kramer y Ricard Solé presenta diversos dispositivos creados por el hombre para permitirle expandir las potencialidades de su cuerpo. Un libro escrito por un ordenador, el vuelo de Ícaro representando en un lienzo del siglo XVII, cyborgs y máquinas, muchas máquinas: una te permite sentirte en el cuerpo de otra persona, otra puede ayudarte a desacelerar el ritmo de tu vida… Llegamos incluso a ver una impresora 3D que avanza rápido hacia la meta de reproducir células humanas.

Humans_CCCB @ Miquel Taverna2015

La exposición se concentra en los cambios de paradigma que el hombre se impone por medio de constantes experimentaciones. Los  efectos de estas transformaciones se dan en diferentes niveles, sea en las percepciones de uno mismo, en la vida social o en el medio ambiente en general. Así pues, la muestra está dividida en cuatro secciones: Capacidades aumentadas, Encuentro con otros, Diseñando el entorno y La vida en sus límites. Cada tema es expuesto a través de investigaciones científicas, obras de arte, artefactos históricos, vídeos y productos comerciales.

Al ver la exhibición, el observador es interpelado por múltiples cuestiones. Desde interrogantes sobre las posibilidades del cuerpo humano, sus patrones de belleza y eficiencia, pasando por la posibilidad de la creación artificial de una nueva raza humana, hasta la eventual conquista de la inmortalidad. Los procesos de hibridación entre sujeto y máquina llegan a la indefinición de la frontera entre lo que sería real y virtual, causando sobresaltos en la noción de identidad. También nos preguntamos sobre los impactos políticos, sociales y ecológicos de cada transformación. ¿Qué precio tiene nuestra constante búsqueda de la eficiencia? De igual forma, indagamos sobre la calidad de vida de quien produce y nos preguntamos a servicio de quién se inclinan estas innovaciones tecnológicas. Siguiendo esta línea, la muestra incluye tanto productos comerciales desarrollados por grandes empresas como iniciativas sin ánimo de lucro llevadas a cabo en países del Tercer Mundo para facilitar la implantación de prótesis low cost.

Entre visiones utópicas y distópicas, el ciclo + HUMANOS también incluye, además de la exposición temporaria, una amplia programación de debates, conferencias, muestras de video y otras actividades. Los temas levantados en el ciclo cuentan con las perspectivas de diferentes investigadores, entre ellas las intrigantes ponencias de las pensadoras Judith Butler y Rosi Braidotti. Figura importante en el campo de los estudios de género, la presencia de Butler generó gran expectativa. Su conferencia Cuerpos que aún importan llenó el auditorio del CCCB además de ser trasmitida por streaming para diferentes puntos del globo.

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Vidas precarias 

El punto de partida del habla de la filósofa norteamericana fue la interrogación sobre visiones políticas relacionadas con el futuro de la especie. La multitud de asistentes (presentes o virtuales) pudo oír a Butler indagar sobre la disputa por la definición de ser humano y sus consecuencias. Según ella, a lo largo de la Historia ha habido una constante lucha por determinar nuestra especie a través de categorías totalizadoras, que la mayoría de las veces, sirven a los poderes dominantes. De ahí, que la representación del cuerpo haya sido construida sobre una serie de olvidos y rechazos. Butler también recuerda la existencia de “vidas precarias”, existencias en condiciones críticas, expuestas a la violencia, como las vidas de inmigrantes, pobres y personas transgénero. La filósofa va más allá y plantea las siguientes preguntas: ¿A quién corresponde el derecho de definir el ser humano? ¿Cómo pueden ser reconocidos los cuerpos cuando no encajan en los patrones? Y, ¿seres humanos podríamos ser todos o sólo los que tienen documentos?

Ante tales indagaciones, percibimos que los supuestos usados para definir la especie humana, en muchos casos, excluyen una gran diversidad de formas de vida. Según Butler, eso indica la necesidad de revisar los paradigmas sobre el cuerpo humano. Para ello, es preciso cambiar el marco sobre el que se tiene en cuenta el ser humano. Así pues, el trabajo necesario sería destruir las categorías convencionales y darle un nuevo significado al cuerpo. Ya es hora de abandonar la noción positivista del cuerpo como algo meramente mesurable y basado en su función reproductiva. Es hora también de expandir el paradigma de sexualidad: ya sabemos que no todos los cuerpos son reproductivos y que el sexo también puede ser considerado como una actividad más allá de la reproducción. Al recordar que el ser humano está sujeto a una construcción cultural, Butler no pretende negar la realidad físico-biológica del cuerpo, sino escapar del dominio de una sola visión lingüística o sexual.

La alternativa que propone Butler sería describir el cuerpo humano como un “campo de relaciones”, nunca capturado por una sola definición. La filósofa afirma que no se puede definir el cuerpo como algo aislado, sino siempre como vulnerable y dependiente, algo que requiere apoyo. Si el progreso devasta las vidas precarias, estos cuerpos deben unirse y luchar por reconocimiento. En este mundo difícil, afirma Butler, es preciso defender el derecho a vivir dignamente y considerar la vida como algo que nos traiga placer. Vivir dignamente pasa por cohabitar con aquellos que no hemos elegido. Así, Butler defiende la solidaridad con el otro sin heroísmo. Una vía de interdependencia que sería capaz de expandir la idea de lo que es posible y afirmar que todos los cuerpos aún importan.

El post-humanismo

Al contrario de una visión pesimista sobre el futuro de la especie, en su conferencia “La condición post-humana”, Rosi Braidotti demostró no sentir pánico, sino excitación por este nuevo devenir. Según la filósofa italiana, pese a ciertas visiones apocalípticas, vivimos en una época estimulante para pensar el ser humano. En su lección, Braidotti reflexiona sobre el impacto del progreso científico en el hombre y cuál sería el papel de las humanidades en el mundo contemporáneo.

La filósofa aclara que la noción de post-humanismo no se trata de un concepto, sino de una herramienta de navegación que nos permite cuestionar qué significa ser humano hoy en día. Braidotti defiende que ser un post-humanista implica adoptar un nuevo humanismo, más radical. Sería la oportunidad para superar el histórico antropocentrismo y naturalizar otras formas de vida, como los animales y las plantas. A diferencia del uso instrumental de otras especies, ahora sería el momento de expandir las posibilidades de relación entre cultura y naturaleza.

 Aunque se muestre excitada por la chance de un nuevo modo de ser, la filósofa hace duras críticas al avance del capitalismo y su definición de la vida como plusvalía. Braidotti recuerda que vivimos en la era del Antropoceno, o sea, la influencia predadora del ser humano sobre la Tierra en los últimos siglos ya se ha constituido como una nueva era geológica. Otra amenaza del progreso sería la privatización de la vida. Sobre esto, la pensadora ofrece dos ejemplos. Por un lado, la biopiratería llevada por empresas como Monsanto, que posee y altera genéticamente toda la variedad de semillas de la que nacen los alimentos vegetales que acabaremos consumiendo. Y por el otro, las prácticas impuestas por las nuevas ciencias informativas, codificando todo lo que está vivo, incluyendo los genomas, que no sólo son descifrados pero también patentados. Frente a las amenazas del capitalismo tardío, Braidotti pregunta: ¿Cuál sería el papel del conocimiento hoy en día?

La preocupación de la filósofa por la reinvención corporativa de la naturaleza humana también le lleva a criticar el humanismo al estilo publicitario Benetton. Esta concepción pretende estandarizar el ser humano, el riesgo sería borrar el poder de la diferencia, olvidando una pregunta esencial: ¿Somos humanos en el mismo sentido? Según Braidotti, negar las diferencias sería demasiado peligroso, al final, hay múltiples formas de devenir post-humano.

Especie inacabada

La historia de la humanidad es discontinua, interrumpida por mutaciones que redefinen de forma radical los parámetros de lo que se considera ser humano. El mano a mano entre ciencia y arte provoca que los humanos vayan alterando su propio desarrollo evolutivo. De esa manera, queda abierta la vía de una transformación inacabada, un proceso en el que el hombre es a la vez sujeto y objeto de sus experimentaciones. Las posibilidades apuntadas por la muestra envuelven el sentido de responsabilidad, no sólo del ser humano consigo mismo, sino también en relación a otras especies vivas. Esta conciencia ética se hace evidente al darnos cuenta del estado precario de las ciudades en que vivimos. Al crear nuestro entorno, diseñamos nuestras formas de vida. Entre las diversas maneras de existir, existen alternativas autodestructivas, como si se trataran de una montaña rusa de la muerte. Quizás nos sobran razones para sospechar del progreso ciego y sus criterios de eficiencia, lucro y velocidad.  Puede que, en lugar del “cuanto más y mayor, mejor”, haya una alternativa que apuesta por la desaceleración en armonía con el medio ambiente. Una alternativa, en definitiva, que sea más solidaria con las diferencias.

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Incluye fotos de Liam Young, Aitor Gametxo, Chris Woebken / Kenichi Okada, Miquel Tavern y Omkaar Kotedia

 

 

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