Y mientras en España por fin las protestas de la calle tienen su espejo en las urnas, en México nadie sabe a quién votar. Ni siquiera existe el debate político. Todos los partidos son corruptos, grotescos, miserables y están llenos de mierda hasta el cuello. No existe la izquierda ni la derecha, solo los politicastros caciquiles e ignorantes, cuando no asesinos.

La gente critica, pero se lava las manos: “En fin, ¿qué culpa tenemos los mexicanos? ¡Tan lejos de Dios y tan cerquita de Estados Unidos! Ni modo: ¡Que vayan todos a chingar a su madre!”.

Criticamos pero no asumimos la culpa que conlleva nuestra falta de civismo y de compromiso político. Y no hablo de las grandes masas de población trabajadora, que bastante tienen con sobrellevar su día a día entre la semi pobreza y la informalidad absoluta. Hablo de la gente supuestamente comprometida, aquellos que inundaron las redes sociales hace unos meses con mensajes revolucionarios y hashtags y trending topics a favor de los desaparecidos de Ayotzinapa. ¿Dónde ha quedado el #Yamecansé, el #Todos somos43 y todas esas arengas cibernéticas?

Respuesta: En la nada más humillante y absoluta.

Cualquiera podía preverlo. Yo lo viví desde dentro, ya que entre mis amigos se cuentan varios militantes y miembros del colectivo de los autollamados “artistas en lucha” (increíble, por otra parte, que alguien se autodenomine como artista). Los “artistas” hicieron un trabajo muy duro y revolucionario: se hicieron miles de selfies con sus celulares, grabaron millones de videos en los que, con voz engolada y emocionada, decían que ya estaban cansados, y hasta pusieron en sus perfiles de Facebook el número 43 y el prefijo “Compa” antes de su nombre. Desgraciadamente, la gran mayoría de estos artistas revolucionarios no tuvieron tiempo para leer y conocer la historia de los normalistas, el contexto insurgente de Guerrero y la realidad de su propio país.

Les entiendo: están muy ocupados yendo a ocho castings al día y ensayando sus obras de teatro. Qué irónico, sin embargo, que alguien que se autodefine como “artista”, no tenga tiempo para conocer el mundo en el que vive. El que supuestamente representa.

¿Qué es un artista? ¿Qué es una persona comprometida con el mundo? Habría que hacerse esta pregunta muy despacio y después mirarse al espejo. Mi opinión es que hay muy pocos ejemplares de ambas definiciones, pero tarde o temprano se unirán y llevarán a cabo una propuesta seria en México. Una propuesta que será apoyada por la gran mayoría de los mexicanos. En eso sí que confío.

Ocurrió en Madrid, cuando nadie lo esperábamos, el 15 de mayo de 2011, en una concentración histórica que muy pronto se llenó de cantamañanas y de supuestos artistas y revolucionarios que estuvieron a punto de echarlo todo a perder con sus estupideces y su fariseísmo revolucionario.

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Pero entre tanto mamarracho, se percibía la luz. Inmigrantes, abogados y gente que aprendió de leyes sobre la marcha, se organizaron para formular una propuesta seria: detener los desahucios. Los dos años siguientes, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (impulsada tras el 15-M) consiguió frenar miles y miles, y hasta consiguieron modificar la ley. Lo mismo ocurrió con los colectivos contra la privatización del agua, de la sanidad y de la enseñanza. La gente leyó, aprendió y se organizó, apelando a la justicia y marchando sin cesar con objetivos concretos. Con el apoyo de gente preparada y seria. Los actores dejaron a un lado su máscara y organizaron espacios nuevos para combatir la crisis. Los escritores y periodistas serios se lanzaron a denunciar los problemas concretos y a divulgar lo que estaba sucediendo. Los profesores y militantes se unieron para formar un partido sin tantas siglas, sin tanta retórica marxista decimonónica, sin tanto fariseísmo, sin tanta pendejada. Y así surgió Podemos.

Hoy, ese partido protagoniza de manera clara el panorama político de España y todo indica que, si los de arriba no lo impiden por las malas, conseguirán aunar fuerzas, gobernar España y cambiar para siempre el sistema democrático y el panorama político europeo. Un cambio histórico llevado a cabo desde abajo contra todos los obstáculos del poder y la manipulación mediática. Eso sí que es “ser artista”.

¿Cómo lo han conseguido?, me preguntan muchos. ¿Son mejores allá? ¿Más listos? ¿Más críticos? Nada de eso, quien haya vivido en ambos países sabe que México es más noble y cálido y que aquí hay gente magníficamente preparada. ¿Por qué entonces en México seguimos estancados en este vacío político? ¿Por qué los “artistas y revolucionarios”, los poquísimos que siguen quejándose, siguen centrados en el 43 y en Ayotzinapa, como si no existiera nada más en el mundo? ¿Como si no hubiera cientos de miles de desaparecidos en todo el país? ¿Como si el 60% de la población no viviera en los umbrales de la pobreza? ¿Como si no fuera absolutamente urgente crear una alternativa política al PRI, al PAN y al PRD?

Hagámonos preguntas difíciles: ¿Por qué no tenemos tiempo para organizarnos, leer, aprender y proponer soluciones concretas a problemas concretos? ¿Por qué no dejamos un puto minuto los celulares y las redes sociales y nos sentamos a crear algo real? ¿Por qué no creamos un Podemos mexicano con gente joven y preparada?

¿De verdad no hay nadie que piense esto? No lo creo.

Sé que es difícil, mucho más difícil que hacerse un selfie o grabarse con el celular o poner un hashtag. Pero es la única manera de cambiar las cosas.

Yo sí confío en que nuestros ojos verán algún día un movimiento político serio, ciudadano y real.

¡Ánimo México!

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