31 de mayo de 2009. El Real Betis desciende a Segunda División tras empatar ante el Real Valladolid delante de 52.000 espectadores (1-1). Los verdiblancos comenzaron la jornada fuera del descenso, con dos equipos (Sporting y Osasuna) por debajo. El descenso era una posibilidad, sobre todo a sabiendas de que los pucelanos afrontaban el partido con la opción de bajar de categoría también presente. No obstante, para que eso ocurriese, el Betis debía no ganar ante todas esas gargantas que les aupaban desde media hora antes del comienzo del partido, y que, para más inri, Sporting y Osasuna ganasen. Si bien los primeros jugaban ante un Recreativo ya descendido, los pamplonicas recibían al Real Madrid. Pero ocurrió, con remontada rojilla incluida a los capitalinos que se habían adelantado en el minuto 11. El Betis estaba en segunda.

¿Cómo era posible que Osasuna, que había estado 17 jornadas en descenso, fuera capaz de superar a un Real Madrid que, además, ganaba 0-1 tras diez minutos? Es cierto, El Sadar siempre ha sido un campo maldito para los blancos, pero los rojillos empataron rápido y mordieron a un Real Madrid que, de jugarse el campeonato, probablemente hubiese ganado. Se trata de probabilidades, no de argumentos hechos. He aquí el primer vacío de este artículo. La improbable victoria de Osasuna mandó al Real Betis a Segunda División, que por supuesto, fue incapaz de vencer su partido ante el Valladolid. En cualquier caso, en el descenso había implicados 5 equipos, muchas combinaciones para quedar la responsabilidad única y exclusivamente en el partido propio.

La calculadora de los equipos cuando las últimas jornadas se aproximan se basa, en demasía, en que tal rival no se juega nada o no se jugará nada por entonces. Una afirmación tan cotidiana como dañina. El respeto a la competición, a los diecinueve o veintiún equipos restantes y a uno mismo es suficiente juego. La obligación de cada equipo es salir a ganar, más allá de que esto suponga una clasificación a la Champions o quedar el decimotercero, pues de su actuación otros equipos sí depende la permanencia o acabar en competiciones europeas. Todo lo que sea faltar a esos principios, es adulterar una competición. Y eso es lo que pasó en 2009. Y lo que pasa todos los años.

Se puede perder, porque al fin y al cabo, el argumento principal de este artículo se basa en probabilidades. Echemos un vistazo a los números. Aquella temporada el Real Madrid perdió diez partidos, de los cuales cinco fueron en las últimas cinco jornadas. Por ser más concreto, el 2-6 encajado en el Bernabéu ante el Barcelona fue el primero, que le dejaba con pocas opciones de victoria en la Liga. El siguiente, en el que el Barcelona pinchó, les dejó moralmente sin esas pocas opciones. Les quedaba el milagro que no se produjo, entre otras cosas porque el Real Madrid siguió perdiendo. Perdió 1-3 en la penúltima jornada ante el Mallorca y 2-1 ante Osasuna en la última, equipos a los que había ganado 0-3 y 3-1, respectivamente, en la primera vuelta. El Real Madrid no iba a cambiar su situación clasificatoria se diera el resultado que se diera, pero su actitud condenaba a los otros cuatro implicados, que sí se la jugaron contra todo el arsenal que el Real Madrid tenía, a un descenso que se saltó las reglas. El perjudicado fue el Betis, pero bien pudieron ser Sporting (que estuvo en descenso durante algunos minutos), Valladolid o Getafe.

Más números, los que condenaron al Eibar a la Segunda División*, después de que el Deportivo de la Coruña empatase a un Barcelona, en el Camp Nou, que ganaba por 2-0. El conjunto blaugrana sólo había perdido un partido en casa en toda la temporada (0-1 vs. Málaga, jornada 24). Los ya campeones de liga fueron remontados por un equipo al que habían endosado un 0-4 en Riazor. El fútbol no es una matemática –si bien los cada vez más desiguales potenciales económicos entre equipos lo hacen parecer–, pero cuando la tendencia se repite una y otra vez comienza a ser un argumento, al menos, digno de ser reflexionado.

Los maletines son una basura que sólo repercute en un deporte corrupto e indigno. Pero la corrupción también aparece cuando un equipo se deja ganar, literalmente, ante otro por amiguismo. Se es injusto con el resto, y en una competición seria es inconcebible. La posición liguera no la marcan sólo y exclusivamente las 38 ó 42 jornadas que disputa un equipo, sino las 38 ó 42 que disputan cada uno de los otros equipos. Si algunos de estos partidos se saltan todo el reglamento ético, los otros competidores se ven afectados. Salvo en ocasiones especiales, en los que un equipo ha de priorizar porque tenga un choque importantísimo días más tarde, no hay excusa para que no se salga a competir. No hay nada más bonito que lograr algo por méritos propios.

Muchos béticos se sintieron incrédulos aquel 31 de mayo de 2009 por el resultado de Osasuna y la derrota –por otro lado esperada– del Real Madrid, que no trascendió mucho por lo iracundo del momento en los últimos capítulos de Manuel Ruiz de Lopera en el Real Betis. Algunos de esos béticos, entre los que me incluyo, recordamos hace dos días aquella jornada fatídica. Fui uno de los 52.000 que vieron delante de sus narices descender a su equipo. El domingo contemplé, en directo también, el ascenso del Sporting de Gijón. Me siento estafado como aficionado al fútbol. Como bético, avergonzado de mi equipo.

Si alguien piensa en maletines, anda en mal camino. El Real Betis ayer no estaba, ni de lejos, comprado. Betis y Sporting tienen aficiones hermanadas, por ello se habló desde el principio de temporada de este enfrentamiento en la última jornada, por si alguno de los dos equipos necesitaba el favor del otro. Ya el Betis perdió ante el Sporting en el último descenso de este en la penúltima jornada (97/98). En 1997 perdió, también en casa (0-1), ante la escuadra gijonesa, metida en problemas. ¿El motivo? El Sevilla, eterno rival verdiblanco, quedaba muy tocado si el Sporting, rival directo de los sevillistas, ganaba en el Villamarín. Y lo hizo. El Sevilla acabó en Segunda División, y los asturianos se salvaron.

Si los aficionados béticos se quejaron de lo pasado en 2009, el domingo su equipo cayó en la trampa. Muchos de ellos festejaron el ascenso del Sporting como si éste fuese un equipo afiliado al suyo. Sin embargo, el Betis cayó en lo que tan amargo había sido seis años antes. Los verdiblancos no pusieron intensidad ninguna y ni siquiera dispararon cuando tenían ocasión de hacerlo con el 0-0 en el marcador. En partidos anteriores, con el ascenso en juego, nadie hubiera dudado que el gol estaba entre ceja y ceja. Un equipo que sólo había perdido dos partidos desde la jornada 14, perdió otros dos en las últimas dos jornadas, cuando ya era campeón de liga matemáticamente.

No hay nada que investigar en tanto que no hay nada que punir. Cada equipo tiene potestad absoluta para hacer lo que crea conveniente durante 90 minutos mientras no se salte ninguna de las normas, y no hay ninguna que obligue a los equipos a salir a ganar cada partido. Se trata de un dilema ético, de una corrupción en los intangibles, más peligrosa pues es la que fomenta, posteriormente, la corrupción material. Aunque las instituciones han de trabajar para evitar que ocurran tales hechos –por ejemplo, otorgando dinero por cada triunfo, tal como se hace en Champions–, la última palabra la tienen los clubes, olvidadizos de que la grandeza va más allá del palmarés a exhibir en los anales futbolísticos. El Girona tuvo que competir al cien por cien contra el Real Betis en sus dos partidos de Liga Adelante, y acabó sucumbiendo en ambos. El Sporting tan sólo hubo de competir un encuentro, el cual por cierto perdió ante los verdiblancos en El Molinón (1-2).

7 de junio de 2015. El Girona no pudo ascender a Primera División tras empatar ante el Lugo en Montivili (1-1). Los catalanes empezaron la jornada en puestos de ascenso directo, con sólo el Sporting de Gijón como rival por el que luchar por ansiado premio. Quedarse sin él era una posibilidad, aunque el cruce debía ser no ganar ante el Lugo, equipo de media tabla, y que los de Gijón venciesen por dos goles en el campo de un líder casi inmaculado y arrasador en la segunda vuelta. Pero ocurrió. En el penúltimo minuto el Lugo empató a los de Girona, y en Sevilla el Sporting de Gijón venció con un contundente 0-3. El Girona tendrá que jugársela en el play-off de ascenso.

*El descenso administrativo del Elche provocó que el Eibar mantuviera su plaza en Primera División.

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