Fotografías: Victoria Clemente

La Galla Ciencia es uno de esos proyectos culturales que te dejan ciertamente extrañado. Una revista de poesía, nacida en Murcia en 2013, que publica poemas, artículos y entrevistas en su página web. Esas son las coordenadas básicas que definen a los fundadores de esa cabecera, aunque a ellos lo que les gusta es el papel. Por ese motivo, los editores de La Galla Ciencia publican cada seis meses (aproximadamente) un nuevo número en formato físico. La revista está a medio camino entre el periodismo y la literatura. Cada ejemplar rezuma aire de libro. Noelia Illán, Vanesa Castaño, Joaquín Baños, Samuel Jara y Daniel J. Rodríguez saben el tipo de producto cultural que quieren ofrecer. Su política editorial consiste en huir de los autores de verso fácil que encandilan a un público poco o nada exigente. Es decir, el poeta mediático tan de moda hoy en día. Que personajes de la talla de Roger Wolfe se quedaran prendados del trabajo que llevan a cabo, o que alguien como Michel Houellebecq llegara a leer la revista, y que tras eso se decidiera a ir de cena con ellos, solo nos da una pista de las sorpresas que nos podemos encontrar en sus páginas. Pero mejor que nos lo cuenten ellos.

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–¿Cómo se financia una revista de poesía?

–Daniel: Los primeros dos números salieron gracias al crowdfunding y, a partir de ahí, funcionamos con el recurso de la compra anticipada, que es algo así como una suscripción anual. También hemos utilizado el crowdfunding para editar selecciones de artículos de nuestros colaboradores en la web. Por ejemplo, la antología de artículos que publicamos del poeta José Manuel Espejo, que había escrito muchas entradas en la web de la revista. Para premiar el esfuerzo que había realizado decidimos editar en papel una selección hecha por él mismo, a la que añadimos un artículo inédito y un prólogo. Es una edición limitada y numerada para los compradores de apenas 150 ejemplares.

–Siempre se dice que hay más poetas que lectores de poesía. ¿Cómo se os ocurre entonces empezar con un proyecto como este, con página web y revista en papel dedicados exclusivamente al ámbito poético?

–Samuel: La idea nació, entre otras cosas, porque nosotros éramos conscientes de que actualmente no existía ningún proyecto periodístico dedicado a la poesía. Nosotros somos de Murcia, y allí había una revista poética, financiada por el ayuntamiento, que estaba muy bien. Desapareció igual que han desaparecido muchas revistas en los últimos años. En 2013, cuando nació La Galla Ciencia, no había ninguna publicación en nuestro entorno que se encargara de la poesía. Nosotros nos quejábamos mucho de esa falta de atención de los medios hacia la poesía. No podíamos quedarnos de brazos cruzados.

–Con cuatro números a la espalda y una buena cantidad de artículos publicados en la web puede decirse que no os ha ido mal del todo. Además, es sorprendente que un ejemplar en papel cueste 10 euros teniendo en cuenta la calidad de la edición…

–D: Nos preocupa especialmente el tema de la edición. Cuidamos desde la tipografía, llamada Ybarra y creada en 1600, hasta el grosor de la hoja.

–Joaquín: Para que el proyecto saliera adelante se juntaron dos aspectos: que somos lectores de poesía (a nosotros lo que nos gusta es leer) y, además, que echábamos en falta, como dice Samuel, un proyecto de este tipo. No queríamos crear una revista de tendencia poética. Nuestro reto era aglutinar todo lo que el panorama poético español nos ofrece a día de hoy. Hay que añadir que, antes de lanzarnos con este proyecto, los cinco ya éramos amigos. Eso es fundamental para lanzarse a una aventura sin ningún animo de lucro (de ahí que el precio no sea desorbitado). No cobramos por este trabajo, el dinero que entra está destinado a cubrir los gastos de edición y maquetación. Las colaboraciones son totalmente desinteresadas, las de todos los autores. Algunos colaboradores, como los de este número 4, son traductores profesionales que se ganan la vida trabajando en el mundo editorial. Por eso agradecemos el esfuerzo que han hecho para que esta nueva versión de La Galla Ciencia salga adelante.

–Vayamos a vuestro último número: la primera mitad del tomo está dedicada a cuatro autores jóvenes y la segunda gira en torno a la traducción. El prólogo y una larga lista de poemas traducidos que aparecen en el idioma original y en español os sirven para reflexionar sobre el trabajo de los traductores de poesía. Contáis con traductores como Roger Wolfe o Ben Clark. ¿Cómo os ponéis en contacto con ellos?

–Todos [al unísono]: Roger Wolfe es amigo de la casa [risas].

–S: Roger Wolfe fue la primera persona con la que hablamos cuando empezó el proyecto.

–D: Es algo así como un padrino para nosotros… De hecho, en el número 2 publicamos un poemario entero suyo que es inédito.

–J: Homenajeamos a tantos poetas que, en el siglo pasado, publicaban su obra en revistas literarias. Es decir, no publicando una edición exenta sino incluyendo poemas en el cuerpo de una revista como hizo, por ejemplo, la Revista de Occidente, al sacar a la luz el trabajo de la Generación del 27. Ese número quedó muy bien hecho; se vendió mucho y, además, Roger quedó muy contento. Llegó incluso a decir que aquel era el poemario más bonito que le habían editado.

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–¿Cómo se contacta con los poetas o traductores que ya tienen un nombre?

–D: La maestra en ese tema es Noelia [risas].

–Noelia: Realmente, lo único que hemos hecho ha sido llamar a las puertas de la gente que nos interesaba, con honestidad. Llamo, les expongo el proyecto y les digo que nos gustaría trabajar con ellos.

–¿Y cómo reaccionan cuando llamáis a su puerta? ¿Qué piensan de La Galla Ciencia? Ahora quizás os sea más fácil, pero al principio no era más que una idea bonita. Debíais materializarla.

–N: En el caso de Roger no teníamos ni revista en papel para mandarle cuando hablamos con él antes de editar el primer número. Le escribí un email mandándole el link de nuestra página web. Me contestó muy rápidamente. En cuanto vi que entraba su respuesta en mi buzón pensé que nos iba a decir, simplemente, que no, pero resulta que le había gustado muchísimo la página y nos hizo una pregunta: ¿Qué queréis de mi, qué os mando?.

–D: Sí que es cierto que el primer número fue el más complicado de editar, en el sentido de que no teníamos el tomo impreso y por lo tanto no podíamos enviarlo a modo de presentación. Aunque Noelia, Joaquín y Samu sí que tenían algún contacto en el mundillo (por ejemplo, su amistad con José María Alvarez). Justo lo hemos estado hablando estos días, porque claro, nosotros enviábamos el número 2, a modo de presentación, para sacar el 3 y luego el número 3 para sacar el 4. Es una manera de entrar en el juego editorial, de acumular méritos para que personas que no te conocen y que, en cambio, son conocidas dentro de la poesía española, te tomen en consideración.

–J: Nosotros nos acostumbramos a decir durante la creación del primer número que los puentes son la mejor manera de cruzar un río. Para nosotros los puentes son nuestros amigos, que nos ponen en contacto con gente con la que no habríamos podido contactar de otro modo. Nos gusta mucho ese método, porque así se va tejiendo una red de trabajo en la que van ‘cayendo’ poetas que valen mucho.

–N: También hay que decir que, en realidad, en el número 1 los que colaboraron lo hicieron porque les habíamos caído bien. Además, veían que nos estábamos tomando muy en serio el proyecto. Teníamos claro lo que queríamos hacer y, simplemente, nos movimos con los medios que pudimos para ir abriéndonos caminos.

–Lo que he respirado leyendo este número 4 ha sido, sobre todo, sinceridad. Está claro que no trabajáis con ese tipo de poesía forzada que se está poniendo tan de moda…

–D: Hay mucho amor en el último tomo de La Galla Ciencia. Somos una familia. Eso está claro para nosotros desde el principio. Si la revista funciona realmente es por el profundo respeto que sentimos por la palabra. En este número 4 hemos publicado a gente como Pablo Velasco Baleriola, un jovencísimo poeta nacido en 1995, cuyos poemas llevaban ya mucho tiempo escritos. Él en ningún momento tuvo intención de publicarlos. Si los escribió fue por un impulso mucho más profundo, más natural… De alguna manera podría decirse que los escribió por necesidad: una necesidad sincera de entender el mundo y de entenderse a sí mismo.

–N: Pablo no tuvo en cuenta para nada el mundo editorial, lo que le permitió evitar toda la contaminación que ese mundo conlleva.

–D: Incluso fue reacio a publicarlos con nosotros cuando le llamamos. Fue un profesor suyo quien se dio cuenta de la calidad de los textos de este chico. Él nos puso en contacto con Pablo.

–J: En el panorama actual del mundo editorial español hay mucho afán de protagonismo. El problema es que ese ego generalizado no se puede sostener desde el punto de vista de un discurso poético que, sinceramente, intente aportar algo que nos enriquezca. Creo que no se pueden combinar esas intenciones con una profundidad de mensaje real. No sería coherente. Nosotros, para evitar estas actitudes, tenemos la ley no escrita de que no podemos publicarnos a nosotros mismos por mucho éxito que tenga la revista. Nuestro objetivo desde un primer momento fue publicar y dar a conocer ese tipo de poesía que normalmente uno, cuando entra a una librería, no se encuentra en las estanterías. Ese objetivo es misión imposible si no abandonas el ejercicio (tan típico en el mundo de la empresa editorial) de mirarte el ombligo.

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–¿Qué tipo de poesía echáis en falta en las librerías?

–J: Mira, nosotros nos quejábamos de la corriente poética de la experiencia en los años noventa porque monopolizó el panorama de la época. El problema no era su lectura ni su discurso (ya que fue una corriente muy necesaria en ese momento), sino que copó todo el ámbito poético. La escuela que se está creando en la actualidad está haciendo lo mismo, pero de una forma distinta. También monopolizan la zona poética de las librerías y las presentaciones literarias. Hasta salen en el Telediario. Sin embargo, el problema de la poesía que está de moda actualmente está en su discurso. No se sostiene. Es puro azar. En mi opinión, la explicación de este fenómeno se basa en la actitud que muchos poetas muestran en las redes sociales frente a la actitud de los que solo se mueven en papel. En redes sociales hay un éxito y una difusión inmediatos, pero ese éxito debería mantenerse cuando te acercas al autor y lo sigues leyendo. Ahí es donde nosotros hacemos valer más las personas que los personajes, cuando ponemos al proyecto por encima del ego de la gente que lo conforma (que es algo que no se está respetando mucho en estos tiempos…).

–N: Lo que pasa es que las redes sociales son necesarias para mantener una web como la que nosotros utilizamos. Hay que publicar los artículos en la web y luego compartirlos en Facebook, Twitter… Las redes sociales son una nueva forma de hacer publicidad, porque aunque mucha gente se quede en el paso cibernético, otros dan el siguiente paso y se suscriben para recibir el número en papel.

–J: Hay que huir del cosmopolitismo vacuo… Del “qué modernos somos…” [Joaquín pone voz melosa y bromista]. Eso es tan peligroso como el provincianismo absurdo de corte sectario: “Somos cinco, somos magníficos, si nadie nos conoce es su problema…” Se puede trabajar de una forma equilibrada teniendo claros estos dos aspectos que hay que evitar. Algunos tienen una habilidad especial para la expresión escrita, y como ahora todo el mundo (o casi) tiene una dirección de correo electrónico, es relativamente fácil contactar con ellos. Otra cosa es que les guste el proyecto y te contesten, pero la clave está en no parar quieto. En trabajar con ganas.

–Vivimos en la era de los blogs y las autoediciones: ahora todo el mundo puede publicar cualquier cosa sin pasar filtros de calidad. Parece que la simple voluntad de ser poeta ya te hace serlo. ¿Qué consecuencias tiene esto en el panorama literario en general?  

–J: Ahora mismo está desapareciendo el ejercicio de autocrítica en lo que se refiere a la poesía.

–D: Muchos nuevos autores se alimentan del aplauso fácil.

–N: Como me dijo Samuel una vez: “Para ser pintor tienes que comprar lienzo, pinceles, pintura… pero un blog es gratis, y es todo lo que necesitas para publicar y que la gente empiece a seguirte”.

–J: El filtro que determina la calidad de un poema es un tema complicado… También se junta el hecho de que existe un miedo generalizado a coger un libro de poesía y decir abiertamente que no te gusta. Tendría que cambiar ese fenómeno tan asentado. Deberíamos poder coger un libro de Luis Alberto de Cuenca, por poner un ejemplo de un poeta consagrado, y expresar nuestro disgusto si lo sentimos así, pero en este caso, por ejemplo, hay mucha diferencia entre decir que el autor no te gusta y decir que es un mal poeta. Hay muchas factores a tener en cuenta para juzgar la calidad poética de un autor y con muchas de las publicaciones que aparecen hoy en día, por culpa del miedo a juzgarlas, se están dejando de lado esos factores. Se juzga casi más al personaje que escribe que la obra que presenta.

–Creo que podría relacionarse ese fenómeno del miedo a opinar libremente con la educación que recibimos. El cambio constante de sistemas educativos en España provocó hace tiempo que se abandonase la educación estética. En el colegio no nos incentivan a entender un poema, sino que nos dan una receta artificial de estructuras fijas para calcular la métrica e interpretarlo según unas reglas que son muy distintas de lo que necesitaría un chaval para introducirse en el ámbito poético. Siguiendo este reduccionismo y conectándolo con el hilo de la conversación, ¿esa tara educativa supone el desdén o la indiferencia que gran parte de la población siente por la poesía?

–J: La gente debería leer a Roger Wolfe y entenderlo perfectamente porque está hablando del hombre de nuestra época. También leyendo a Gil de Biedma se puede llegar a entender muchas cosas que nos pasan a nosotros mismos. Creo que quien no pueda entender eso tiene un problema, una carencia grave.

–¿Un problema estructural que tiene su origen en la educación?

–J: Efectivamente. Además, suele cometerse otro error en la escuela, que es el de empezar a leer poesía a partir de autores como Góngora o Gamoneda. Es un absurdo. Es como si empezáramos a estudiar matemáticas partiendo del álgebra, sin haber aprendido antes a sumar o restar. Así es normal que los estudiantes no entiendan nada de poesía, que la rechacen y no aprecien su importancia. La poesía necesita de un adiestramiento.

–S: Nuestro aprendizaje escolar de poesía se queda en la Generación del 27 –en el mejor de los casos–, en el verso medido, en la estrofa… Alguna vez se lee en clase algún poema de la época surrealista de Lorca, pero volvemos al mismo problema. ¿Qué chaval que ha sido educado de esa manera va a entender un poema así? ¿Cómo podrá sentirse afectado por esos versos? Por supuesto, no estoy diciendo que en la escuela no deba enseñarse a construir un verso medido (es así como empiezan a escribir muchos grandes poetas), pero para entender el fenómeno poético actual se necesita mucho más que eso. Los planes de estudio y muchos docentes no han sabido inculcar interés a sus alumnos, aunque siempre hay excepciones. Quedan amantes de la poesía entre los maestros de Literatura.

–J: Muy importante también es que se tenga en cuenta la Historia cuando se enseña poesía. Ojo, la Historia global y la historia personal del poeta. Hay que entender que Poeta en Nueva York responde a unas necesidades y a una situación concreta. Y así con cualquier poeta que se precie.

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–Otra disciplina que sufre una incomprensión parecida a la de la poesía es la filosofía. En vuestro último número en papel, además de hablar de poetas, aparece un interesante elenco de filósofos. Pensadores como Wittgenstein, Walter Benjamin o Bataille aparecen en vuestras páginas. ¿Qué compromiso y qué relación tiene La Galla Ciencia con la filosofía?

–J: Son los autores que participan en cada número los que definen nuestro compromiso con la filosofía en su discurso: tienen sus referentes filosóficos muy claros. Históricamente, el filosófico y el poético han sido dos discursos que han ido muy de la mano. En este número en concreto han sido Antonio Cruz y Pablo Baleriola los que han rescatado a Benjamin o Wittgenstein. En el periodo de entreguerras se consiguió una convivencia entre ambos campos fundamental. Somos herederos de la idea de que la frontera es difusa entre la poesía y la filosofía. El ejemplo más claro de esa unión fue La Revista de Occidente, en la cual aparecían ensayos y artículos filosóficos junto a grandes poemas. Creo que debería trabajarse más la estrecha relación que existe entre los dos campos: hay que atender a lo que dicen –y dijeron– filósofos respecto a la poesía.

–María Zambrano escribió un ensayo titulado precisamente Filosofía y Poesía. Hölderlin compartió su piso de estudiante en la universidad con Hegel y Schelling, produciendo muchos textos filosóficos junto a estos gigantes de la filosofía (reunidos, por cierto, en una preciosa edición de Marzoa en la editorial Hiperión, bajo el titulo Ensayos).

–J: Hay que entender la relación en el sentido de que ambos ejercicios son una búsqueda. Es más, una búsqueda desinteresada. En los dos casos el objeto de esta búsqueda es el intento de comprensión de la realidad humana en la que vivimos, y por ello, es la búsqueda de una verdad interior que tiene que estar en relación con una verdad ontológica. Ninguna de las dos disciplinas trata de hacer una crónica de una época, sino de profundizar en la comprensión del tiempo en que vivimos, haciendo un análisis, y esto requiere un esfuerzo además de marcar una diferencia muy importante.

–D: También es cierto que nuestra búsqueda de autores es bastante rigurosa. Hemos publicado a poetas que a nosotros personalmente no nos gustan, pero como dijo Joaquín antes, entre decir que un poeta no te gusta y calificarlo como mal poeta hay mucha diferencia. Lo que buscamos en ellos, luchando contra la poesía simple que está tan en boga ahora mismo con el exitazo que está teniendo gente como Marwan, es que tengan unos pilares sólidos, un trasfondo inteligente y capaz de mostrar algo irreductible a otra forma de expresión. Al final, el compromiso por el que nos preguntas es algo que sale de forma natural en La Galla Ciencia porque buscamos a autores que trabajan en una línea concreta. Como no perseguimos una poesía fácil, comercial, en general, aquellos que siguen la línea de la revista beben de la misma fuente que nosotros. La razón por la que el proyecto está teniendo tanto éxito en este aspecto es precisamente por que no persigue fines comerciales.

–N: Consideramos que la poesía es algo que lleva tiempo, igual que la filosofía. No se puede entender un texto filosófico o poético a la primera lectura.

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