Crónica libre, en verso, que relata las andanzas de Stanich en Sons al Botànic.

 

 

 

Ahora, que ya se cruza
el ecuador de tu presencia
en esta meretriz que es Valencia,
el Botànico, con hojas caducas,
llora tu ausencia.

La simbiosis manifiesta
de tu aura arbórea
y esa barba de floresta,
su fusión herbácea.

El cantar levitante
por senda opiácea
con disfraz de indigente
La magnitud cetácea
de carisma ingente,
La tormenta grisácea
(de tan)
sin par demente.

Compilo la leña,
te escribo: Te aguardo.
Desde el río Lobos te canto
con voz de licántropo.

Alteras internas esferas
un viernes cualquiera
Ángel convertido en fiera
Epatadas, las doncellas,
suspiran domar tu cabellera
A solas, embriagas,
así transitan por tu senda,
no sólo ellas.

A este Lórien traes tu ofrenda
juego floral
dentelladas a las prendas,
desflorar
con mirada buhonera.

Eco de tacones y madera
haces enloquecer a Diastema
nadie carbura
esplendor, y danza, en la hierba.

Vorágine centrípeta
loas y pleitesía al Profeta.
Anatema es la condena
por venerar tu silueta.

El aire bucólico
que habré inhalado
ha invadido
pulmones y tálamo

El pesar se disuelve
con caricias que absuelven
El fuego verde todo lo envuelve
el canto que tanto resuelve

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