Entrevista realizada con la colaboración de Hamed Enoichi

Fotografías: Ismael Llopis (Momo-Mag)

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El aspecto es de dandi. Abrigo, maletín, camisa blanquísima que se insinúa bajo el fular (burdeos) y el chaleco (gris). Este atuendo sacado de otra época lo viste un columnista treintañero llamado Juan Soto Ivars (Águilas, Murcia, 1985). Semanalmente descarga acidez e ironía en los artículos de opinión que firma en El Confidencial. Los buenos modales de los que presume todo buen dandi, en su caso, le ayudan a no olvidarse de nadie cuando escribe. Soto Ivars es de los que reparten a diestro y siniestro. De vez en cuando, en el propio El Confidencial o en otros medios como El Mundo, se asoma a la crónica, donde narra historias de esta España bipolar y apasionante, tan perra como entrañable, desplegando una prosa que recuerda al novelista que fue. En una terraza del Eixample barcelonés nos confiesa que se ha refugiado en el periodismo al darse cuenta de que los escritores sobran en un mundo que ha decidido dejar de leer libros de ficción.

–Para escribir una novela y tener éxito parece que hay que presentar un programa en la televisión.

–Claro, o ser cocinero o youtuber. Pero los libros que escribe esa gente no son para leer. Se compran para regalarlos. De todas maneras, las ventas han bajado una barbaridad. Hace 20 años, un Premio Planeta podía vender 100.000 ejemplares en su primera semana en las librerías (también es verdad que eran novelas mejores que las actuales, pero la calidad no importa para vender libros) y ahora las cifras de los best sellers están a años luz. Entre los editores se da una conversación recurrente, que seguro que habéis oído alguna vez, donde se dice que “en España hay 10.000 lectores”. No hablo de la gente que sigue a los escritores por Facebook, ojo, me refiero a los que se compran libros, leen críticas (y les hacen caso), a esos que se cabrean cuando una crítica les dice que un libro es bueno y no lo es… Me da la sensación que la decadencia de la literatura tiene mucho que ver con que ahora podemos gastar el tiempo con actividades que suponen menos esfuerzo que leer. Implica menos esfuerzo verse siete temporadas de Breaking Bad o de Los Soprano que leerse un libro de mil páginas.

–¿La gente que ve esas series de culto no es la misma, en gran porcentaje, que sigue leyendo?

–Pero es que leen menos. Cuando me di cuenta de que yo mismo, que escribo y estoy al día de lo que se escribe, leía menos que nunca, me decidí a ponerle freno y me fijé en los judíos. Dejando aparte el tema israelí, los judíos, como pueblo, son la gente más culta y reflexiva. Me admira que después de haber huido de tantos sitios no hayan dejado nunca de leer. Menos tiempo que un judío, que está todo el día huyendo de los que le persiguen y trabajando, no tiene nadie. Estuve hablando con mi amiga Angy [Cohen] para saber a qué se debía y me contestó que la razón de que los judíos sean tan lectores es el shabat. Ese día es para leer y pensar. Internet se ha convertido en un órgano más de nuestro cuerpo. Le hemos regalado parte de nuestra identidad. Casi solo hablamos por la red. No hemos aprendido a manejar este poder que nos han dado los dioses. Tenemos que defendernos. Eso es lo que intentamos hacer Andrea, mi pareja, y yo desconectándonos de internet durante todo el fin de semana.

–Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

–A mí me gusta más decir que un Cristo del Gran Poder implica un Cristo de la Gran Responsabilidad.

–¿Cómo sobrevive un escritor de 30 años en estos tiempos de inmediatez y poca lectura?

–El libro que estoy escribiendo va sobre eso. Saldrá en unos meses y creo que se llamará Un abuelo rojo y un abuelo facha. Habla de lo contradictorios que somos los españoles. Una de las reflexiones inflamables que me están animando a escribir es la conclusión de que los escritores sobran ahora mismo en el mundo. Yo soy más columnista que escritor. He huido a posta de la narrativa porque he descubierto que no es un vehículo de expresión de ideas popular. Este adjetivo no es muy bonito, pero es verdad: el pueblo no lee novelas. Una de mis novelas es una puta mierda, ya te lo digo. No le tengo cariño a la La conjetura de Perelman. Gracias por no haberla leído. Entonces, ¿por qué dedicarle un año a una novela cuando cualquier mierda de artículo que he escrito para El Confidencial se lo pueden leer 300.000 personas?

La conjetura de Perelman la escribiste por encargo.

–Sí, pero te consume tiempo y, aunque sean encargos, en cada libro que escribes intentas meter ideas propias. Por ejemplo, escribí en esa novela sobre las tías que no hablan. Quería hablar de los silencios incómodos, de lo interesante del hermetismo. ¿Pero qué sentido tiene? Veo a los escritores de mi edad que están teniendo éxito y solo llegan a 3.000 personas. Recientemente, me he leído Pureza, de Franzen. Me parece grandioso cómo desarrolla a sus personajes, a qué conclusiones llega. Esa complejidad es imposible de encontrar en ningún artículo o vídeo de YouTube, pero tengo el pesar de saber que la mayor parte de la gente que quiero y respeto no se va a leer ese libro por falta de tiempo o ganas, o porque alguien ya habrá escrito en internet que no merece la pena leer Pureza porque es peor que Libertad.

–¿Escribes diferente cuando sabes que tus palabras se van a imprimir en papel?

–Antes, sí. Ahora ya no.

–¿Qué ha cambiado?

–Antes me parecía que la red era una expresión de segunda. Ahora sé que es de primera. Cuando empecé a escribir artículos me hacía mucha ilusión que estuvieran en papel y que hubieran pasado por los trabajadores de una imprenta para acabar misteriosamente en un quiosco o en la sala de espera de un dentista. Cuando estudiaba Periodismo, antes de tener Facebook escribía cartas al director de El País y compraba el periódico para ver si habían salido publicadas. Cuando ocurría me paseaba por la calle pensando que la gente iba a reconocerme.

4Antonio Lucas nos dijo que pronto desaparecerán los periódicos en papel y no supondrá ningún trauma social. Las revistas, comenta Lucas, sí sobrevivirán en formato físico.

–Hay una brecha generacional muy importante. Si yo escribo una novela sé que se la va a leer gente de mi edad o mayor. Para los niños actuales el artefacto libro está atrasado, pero la infancia no ha dejado de leer: lo hace en internet. Cuando veo al Rubius, sé que dice tonterías, pero entiendo su éxito. Los chavales que ven sus vídeos hacen lo mismo que nosotros cuando leíamos la SuperPop. Hablamos de los nativos digitales como si nos los hubiéramos encontrado en una isla desierta y no como si fueran producto de nuestro progreso loco. Esos nativos digitales tienen un lenguaje propio y la novela o el periódico en papel les son ajenos. Creo que en un futuro muy próximo habrá comunicadores independientes de las compañías mediáticas que serán capaces de transmitir un mensaje bueno. Estos adolescentes de hoy habrán crecido y premiarán al tío que sea capaz de decir algo fino. No creo que desaparezcan la inteligencia y la necesidad de darle vueltas a las cosas, pero eso no tiene nada que ver con los libros o los diarios en papel. Hace mucho que no leemos papiros y no pasa nada, pero nos traumatiza haber aprendido tantas cosas que ya no sirven para casi nada. No sé qué pasará con las revistas. A lo mejor duran cien años más y las leeremos nosotros, cuando estemos jubilados.

–Se harán pelis sobre el último lector de revistas.

–¡Hay un relato sobre el último fumador de la tierra al que acaban dando muerte un grupo de amas de casa antitabaco! [Ríe]

–¿Te hubiera gustado haber nacido 30 años antes?

–Mucho. Sobre todo haber sido adulto en otro país. Me hubiera encantado haber sido adulto en EE UU durante los años cincuenta. No te jode, sería rico. Ahora vivimos en una especie de far west. En internet no hay reglas. Somos los pioneros: estamos matando indios, bebiendo bourbon, montando a caballo y haciendo lo que nos sale de la polla, pero llegará un momento en el que haya leyes estrictas que marquen lo que no se puede hacer. Ya estamos viviendo los primeros conatos. Ahí está el caso de Zapata, por ejemplo. No sabemos a qué nos estamos enfrentando. Llegará un momento en que internet no será como es ahora. En EE UU, hace un siglo, cualquier recién llegado podía inventarse una identidad. Podría haber matado a su padre en Irlanda que allí nadie se iba a enterar. Creo que en internet llegará un momento en el que tengamos una sola identidad, una especie de DNI que registre todas nuestras acciones. Si te descargas una peli pirata, la policía sabrá que has sido tú. Avanzamos hacia eso, Google ya está intentando crear esa identidad virtual. Ya veremos entonces si las revistas en papel son necesarias o no.

–Decías, hablando de la piratería, que gran parte de culpa la tienen las empresas que te venden un servicio de banda ancha, pero que al pedir explicaciones nadie se acuerda de esas compañías.

–¡El lobby siempre es inocente! Te dan una pistola y luego te acusan de haber matado a tu madre. ¿Por qué Movistar te da tanta banda ancha si solamente estamos aquí para navegar? ¿Para descargarte un pdf del trabajo? ¿Para subir unas fotos a Instagram? Te lo dan para que te descargues cine y consumas banda ancha, pero cuando se queja de la piratería, la SGAE no dice nada de las operadoras. Estoy convencido de que entre los dos hacen negocio.

–¿El usuario no tiene parte de culpa?

–Es verdad que el usuario debería plantearse algunas cosas. Sin ir más lejos, lo mismo les pasa a medios como el vuestro. Si la gente le da like a vuestras publicaciones y os retuitea, pero no se suscribe, flaco favor os están haciendo.

–Hay quien dice que para que se leyera más se debería bajar el precio de los libros y las revistas, pero tú piensas que, para un cabrón, entre gratis y dos euros están sus cojones.

–La gente no se plantea lo que cuesta sacar adelante los proyectos porque el capitalismo nos ha hecho consumidores. También es importante la autoridad moral que tenga el vendedor. A la compañía telefónica le intentamos regatear todo lo posible porque carecen de ella. A un librero le pasa lo mismo, pero su margen de beneficio es muchísimo menor que el de una compañía telefónica. Vemos los libros como si fueran cañas de cerveza: te vas a comprarlos donde son más baratos. Si puedes leer gratis, no compras libros. En cambio, a tu camello, que te está dando mierda, nunca le vas a regatear porque es tu único vendedor disponible. Si alguien vende su libro en Amazon por un euro, ¿por qué me vendes el tuyo por 20? Ni siquiera saben que el autor no pone el precio y apenas se lleva un 10 por ciento de cada libro que se venda. La SGAE, que es con quien está identificada la imagen de los derechos de autor, aunque sea CEDRO quien controle los del mundo editorial, ha hecho muy mala pedagogía de este asunto. Es una putada cuando alguien tiene razón pero se comporta como si no la tuviera. Es decir, como un fanático.

–¿Tú crees que hay exceso de creadores?

–¡Claro! Hasta tu perro escribe novelas y hace fotos. Tu perro es un invasor.

–Cualquiera se cree capacitado para dejar su opinión escrita en una red social. No hay término medio entre el odio y la euforia.

–Internet es inmediato y nos provoca ese deseo de opinar al momento sobre algo. Por lo tanto, solo tenemos dos alternativas: odio o euforia, como bien decís. Por ejemplo, la última película de Star Wars la vi el martes anterior al estreno. En esos pases para prensa se cuela mucha gente y ya hay circulando una copia de la cinta. Cuando se estrenó ya había muchas críticas anónimas pululando por la red y todas tendían hacia la euforia o el odio. No hay término medio. Últimamente he escrito sobre casos como los de Rita Maestre y los titiriteros. Esas noticias me han servido para pensar sobre la censura popular. Porque yo puedo estar a favor de Maestre y de los titiriteros, pero intento templar mi opinión porque sé que muchos de los que también defienden mi posición luego no dejan hablar a quienes no piensan como ellos.

–Es el doble rasero que tanto vemos en la política española.

–Hay demasiado maniqueísmo. Yo no estoy de acuerdo con Lluís Llach pero sus canciones me encantan. Mi escritor favorito es Hamsun, que se acabó haciendo nazi. ¡Pero sus novelas no son nazis!

–¿No crees que la izquierda española hace lo mismo que le afea a la derecha?6

–Mucha gente me dice que soy el único que le da la razón a la izquierda sin dejar de meterle caña. No creo que sea el único, pero sí que es verdad que muchos columnistas están haciendo otras cosas. Internet está favoreciendo el cainismo español.

–¿Qué te sugiere el término guerracivilismo?

–En España no hemos superado la Guerra Civil por culpa de Franco.

–Eso se ve, sobre todo, en la red. En la calle no estamos a tortas unos y otros.

–Pero la calle es engañosa. Si vamos a El mundo de ayer, de Zweig, leemos que el día que estalla la I Guerra Mundial parece que no pasa nada.

–La calle va por dentro.

–Buena frase. Conservamos ciertos traumas y queremos que el otro sea exterminado. Me flipa que la izquierda sea defensora de la democracia directa cuando en España la mayoría de la gente es de derechas. ¡Queréis darle este arma a la derecha! Los que dicen eso es porque no han estado nunca en una junta de vecinos o no tienen amigos de derechas. Muchos viven encerrados en sus núcleos de gente fiel porque otro pecado de este país es la endogamia.

–¿Nuestro espectro político está demasiado orientado a la derecha?

–El bipartidismo lo que nos permitía ver es que, en teoría, la mitad de la gente era de derechas y la mitad, de izquierdas.

–¿Crees que el PSOE es un partido de izquierdas?

–Hasta hace poco era una alternativa de izquierdas al PP.

–¿Cómo se explica que fuera una alternativa y no un partido de izquierdas?

–Porque no había otra cosa a la izquierda del PP. Cuando el PSOE aprueba el matrimonio homosexual, muchos sectores de la izquierda envidian a España, y cuando Castro reprime a los homosexuales en Cuba, esos mismos le repudian. Es de izquierdas alguien que hace cosas que tienden a igualar a los ciudadanos de una sociedad. El PSOE ha hecho muchas cosas de derechas, pero frente al PP parecía una alternativa de izquierdas. Ahora el problema del PSOE es que ha aparecido Podemos. El PSOE nos parece ahora de derechas igual que nos parecen ahora machistas los hombres del siglo XIX. ¿Pero cuando Aznar nos metió en la Guerra de Iraq, quién era de izquierdas? El PSOE. Y muchos votamos a Zapatero cuando el 11-M convencidos de que era de izquierdas. Su primera legislatura le dio la razón. ¿Os acordáis de la Ley de Dependencia? Podemos intenta recuperarla como si la hubieran inventado ellos, pero eso es mérito del Gobierno de Zapatero.

–Has hablado de Podemos varias veces, ¿pero qué papel está jugando Ciudadanos?

–Pensaba que Albert Rivera iba a ser el representante de la moderación y el respeto al adversario que tanto necesita España. No le voté, pero mi decepción ha sido igual porque me he dado cuenta de que es el vecino del 3ºA que pone a parir al del 2ºB. Durante las negociaciones para formar Gobierno con el PSOE, Pablo Iglesias y Albert Rivera han estado igual de peleados que las vecinas locas aquellas de Valencia que salieron en Callejeros. Me decepciona que no se hayan puesto de acuerdo. ¿Qué votamos los españoles el 20-D? Que no nos gustaba ninguno del todo. Ojalá en las elecciones del 26-J los resultados no den una mayoría clara y tengan que volver a negociar, a ver si aprenden la lección.

–¿Vivir en Barcelona ha cambiado tu visión del nacionalismo catalán?

–Sí, es más amable. Entrevisté a Miquel Iceta y me contó que una vez fue a Madrid con un amigo y que el taxista les preguntó por qué hablaban entre ellos catalán si sabían español. “Si fuéramos alemanes y supiéramos español, ¿le extrañaría que habláramos en alemán?”, le respondieron. Gilipollas los hay en todas partes. En Catalunya me he encontrado con gente intransigente con el español, pero acabas percibiéndolos como gilipollas y no como el problema que intenta vender la derecha española cuando dice que los nacionalistas catalanes son una especie de filonazis.

–¿Aquí ocurre al revés?

–Eso es lo primero que me cabreó cuando visité Barcelona de adulto. Vine con una novia que tenía una amiga que era indepe. La tía tocaba en un grupo de música y nos fuimos a Girona a verla tocar en un concierto. Quemaron una bandera española en el escenario. Mi novia se puso a llorar porque pensaba que era innecesario ese gesto sabiendo que había venido yo de Madrid. Después hablé con su amiga y ella me dijo que habían quemado la bandera porque aquello era un concierto punki y molaba quemarla, que no pretendía molestarme ni ofender a mi novia. Durante aquella conversación nos dimos cuenta de que la única persona de fuera de Catalunya a la que conocía esta chica era Diana, mi novia. Y pensaba, por tanto, que Diana era una rara avis, al ser una española que iba a Catalunya sin bandera rojigualda y sin el brazo alzado. Nos la llevamos a Madrid y, por desgracia, allí tuvo una mala experiencia. Se encontró con el clásico gilipollas que la llamó de todo cuando ella empezó a hablar de Catalunya. La última vez que miré el Facebook de esta persona era tan indepe que daban ganas de vomitar. Pero en plan de que todos los españoles son retrasados mentales y cosas así. Cada vez que la arrinconas te saca la anécdota de lo que le pasó en Madrid. Los madrileños son perros sin raza y ella conoció a gente majísima durante aquellos días, pero todo eso quedó en segundo plano porque sus prejuicios y la necesidad de justificarse estaban por delante. A los nacionalistas españoles les pasa lo mismo. Pueden haber conocido a cien catalanes que como uno se haya reído de los andaluces, convierte al resto de sus paisanos en unos hijos de puta.

–Una anécdota viene muy bien para armar una columna o un artículo, pero si se pervierte con la rotundidad se convierte en veneno puro.

–Por eso me gusta tanto Manuel Jabois. En mis columnas era muy solemne al principio, y no me gustaba serlo. Jabois tiene la virtud de no ser solemne nunca. Él sabe utilizar una anécdota para apoyar un argumento sin que deje de ser una anécdota. Para los solemnes las anécdotas se convierten en autos de fe, son como los ejemplos del Conde Lucanor: pasa esto porque esto es así. A veces ocurren cosas incoherentes.

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–¿Por qué crees que Miquel Iceta es el más inteligente de los políticos catalanes?

–Creo que es el más inteligente pero tiene una postura poco acertada con el referéndum: está radicalmente en contra. Le pregunté varias veces sobre este tema porque me parecía incongruente esa postura considerando su perfil como político. Lo más razonable que dijo sobre el tema es que si ahora se les permite hacer un referéndum y no sale el sí a la independencia en cinco años volverán a pedir otro.

–Hay políticos independentistas que han dicho eso públicamente. Oriol Junqueras, por ejemplo.

–Es verdad, ¿pero qué problema hay en celebrarlo? Es peor no darles ese derecho porque les permites decirte que eres un antidemócrata.

–¿Sabes que fue Iceta quien viajó a Roma para convencer a Pasqual Maragall para que volviera a la política y se enfrentara a Pujol?

–No lo sabía, pero no me extraña. Iceta siempre ha sido el hombre de los marrones en el PSC, el tipo en la sombra que nunca sale en la prensa pero consigue que las cosas marchen. Ponerse al frente de ese partido es el marrón más grande que le han encargado. Pere Navarro había quedado destruido como líder y tenía encima sospechas de corrupción por su paso por la alcaldía de Terrassa. Es entonces cuando le cargan el muerto a Iceta, que era quien estaba más cerca. Manda cojones que una de las personas más lúcidas del panorama político en un sitio tan enconado como Catalunya sea alguien de segunda fila. Me hace pensar que en todos los partidos, incluso en el PP, haya gente perfectamente cabal en la sombra.

–¿A qué edad empezaste a leer a Umbral?

–Muy tarde, cuando ya estaba a punto de morirse y no molaba tanto.

–Muchos te consideran discípulo de su estilo. ¿Existe el umbralismo? ¿Hay una escuela umbralista?

–Antes de saber quién era Umbral ya iba yo con este tipo de pintas [ríe mientras se toca el fular con el que ha venido a la entrevista]. El dandismo está antes que Umbral. En mi primer año de universidad me llamaban “abrigo y maletín”. A la gente le hacía gracia que fuera todos los días vestido así a clase. Y yo, entonces, estaba a punto de descubrir a Paco Umbral. En la prensa de Inglaterra y Francia se escribe muy bien. Prima la buena prosa. En Papel han publicado un especial sobre la independencia de Catalunya con varios artículos escritos por los corresponsales de medios extranjeros en Barcelona. ¡Están escritos de cojones! Tienen metáforas, relacionan muy bien sus anécdotas personales con lo que ha ocurrido en la actualidad política… En España no pasa eso. Aquí los columnistas –muchos, no todos– tienen complejo de editorialista de El País. Los editoriales de ese periódico sientan cátedra: “El PSOE debe hacer esto… Podemos debe hacer lo otro…” Cuando os decía que yo era solemne era porque imitaba el estilo de los editorales de El País o el artículo de marras de Manuel Vicent. Nunca verás el verbo debe en un artículo de Francisco Umbral. ¿Por qué te comparan con Umbral en cuanto haces reír al lector y tienes una prosa un poco cuidada? Porque abunda poco. El éxito de Jabois, de Bustos, de Lucas, de Gistau o el de un veterano como Raúl del Pozo no se debe a que seamos mejores pensando que otros; se debe a que escribimos mejor. En España se escribe muy mal el artículo de opinión porque en lugar de imitar a Larra la gente imita los editoriales de El País. Los que escriben las cartas al director en los periódicos anhelan en el fondo de su corazón ser columnistas y no paran de pontificar sobre lo que España necesita con un lenguaje pastoso que sacan de los mencionados editoriales. Me flipa como piensa Muñoz Molina, para mí sus artículos son perfectos. Pero hay que ser Muñoz Molina para escribir así porque como le imites y te salga mal acabas haciendo el editorial de El País. Él es solemne sin afirmar que dice la verdad.

–¿Pérez Reverte qué te parece?

–Divertidísimo. Hay dos tipos de dar la razón en España. Una es “me jode, pero tienes razón”. La otra es la de esos tipos que dicen “cuanta razón” llenos de admiración. Puedes reconocerlo con vergüenza o con orgullo. A Pérez Reverte se le da la razón de la segunda forma. Él dice: “Los españoles son imbéciles”. Y el tío que lo lee se siente identificado… con el autor, no con los españoles; los imbéciles siempre son los otros. Umbral no hace eso. Él habla, sobre todo en su primera época, de lo imbéciles que son los españoles… empezando por sí mismo. Y así nos hace reír.

–¿Qué le pasó en su última época?

–Que se hizo viejo. Le dieron de hostias en el PSOE, le echaron de El País y le pasó lo que a Hermann Terstch, Jiménez Losantos y toda esa gente. El socialismo español ha sido tan sumamente soviético y ha masacrado a tanta gente que han creado lo que parecía impensable: una derecha mediática culta y combativa cuando aquí siempre había sido estúpida. La derecha tiene que ser complaciente, como Marhuenda, porque todos los países lo son. Aquí, en cambio, tenemos a Losantos, que es un revolucionario de derechas. En El Confidencial tengo un compañero, [Javier] Caraballo, un columnista andaluz de cincuenta y tantos con temperamento de izquierdas porque es sensible a la pobreza ajena. No piensa que el pobre se lo merece. Pues Caraballo odia al PSOE porque intentaron exterminarlo cuando escribía en El Mundo y descubrió un caso de corrupción en el PSOE andaluz, que es la Alemania de Hönecker. Realmente no sé por qué hay tanto socialista andaluz con miedo a que gane Podemos las elecciones porque su partido en Andalucía es totalmente dictatorial.

–¿Por qué hay tan pocas mujeres que escriban columnas en los grandes medios?

–¿Por qué hay tan pocas mujeres que escriban en la Wikipedia? Hay un machismo evidentísimo en la columna. Elvira Lindo, Almudena Grandes… son las que me vienen a la cabeza.

–A muchas de ellas se las sigue viendo más como novelistas de éxito que como columnistas.

–Yo he empezado a descubrir el machismo a través de mi mujer, que es feminista.Ella ha conseguido que me dé cuenta de que cuando hay gente delante los hombres nos comportamos de manera muy machista. Cuando viene gente a casa y mi mujer y su amiga están cocinando, nosotros estamos ahí sentados tomando una cerveza. Antes, para mí, el feminismo era un hecho desagradable porque me fiaba únicamente de esas feministas tan cargantes que salen en la prensa. Esto nos lleva hasta una columnista: Barbijaputa. Eso de acusar a todos los hombres de ser micromachistas es contraproducente, pero lo grave es que tiene razón. Las tías, cuando son las once de la noche y vuelven solas a casa, tienen miedo de que les pase algo. Cuando ella dice que tiene “miedo de todos los hombres” su forma de decirlo es tan virulenta que te exalta… olvidándote de que en parte tiene razón. Quiero escribir sobre este tema, pero me cuesta porque no sé cómo abordarlo. Siento que Barbijaputa no es mi aliada, que ella quiere destruir muchas cosas que yo creo naturales, pero al mismo tiempo –y con ayuda de la mujer que quiero– veo que tiene razón.

–¿Se convierte en una especie de enemiga a la que respetas?

–No, se convierte en lo contrario: en una aliada a la que no respeto. Comparto lo que dice, pero no me gustan sus formas de decirlo. Lo más difícil para nosotros es reconocer que tenemos un privilegio por ser hombres. Los de nuestra generación hemos vivido con la discriminación positiva cómo nos adelantaban tías menos talentosas para acceder a un puesto de trabajo. Durante el zapaterismo nos hemos cabreado con la paridad porque pensábamos que la ley nos ninguneaba pero nos olvidamos de un dato esencial: en las reuniones donde se corta el bacalao todos son tíos… y si hay una tía, casi no habla. Fíjate en una cosa: en esta mesa somos todo tíos y la pregunta de por qué no hay columnistas me la habéis hecho al final de la charla. Si estuvierais entrevistando a una columnista, esa misma pregunta seguro que se la hubieras hecho al principio. ¿A que sí?

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