26 de marzo de 2015. El Gobierno de España aprueba la controvertida Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana, mejor bautizada como Ley Mordaza.

Mismo día en la misma ciudad, Madrid. Mediaset anuncia a través de un comunicado la destitución del periodista Jesús Cintora (Ágreda, Soria, 1977), presentador del programa Las Mañanas de Cuatro y “martillo de los corruptos”, según Miguel Ángel Revilla. En el texto, la compañía de Berlusconi justificaba la salida de Cintora alegando que “Mediaset tiene el claro objetivo de informar, que no formar”, y que para ello se precisan presentadores “que traten la información de manera objetiva”.

Ante tanta mordaza, la protesta digital en Twitter estaba asegurada.

Dos meses después, el soriano se encuentra recorriendo el país para presentar su primer libro, La hora de la verdad (Espasa, 2015), un cuaderno de entrevistas y reflexiones de diferentes personajes televisivos que cuentan su particular visión de la España actual.

–¿Qué tal llevas la promoción de tu libro?

–El libro va bien, va por la segunda edición ya y eso que es mi primera obra. Estoy sorprendido. A la gente le está gustando.

–Presentas el libro en Sevilla y al día siguiente viajas a Soria, tu tierra. ¿Qué expectativas tienes?

–En Andalucía he visitado Sevilla y Málaga, y luego paso –como Machado– de Sevilla a Soria. El contacto está siendo muy positivo, la gente viene a decirme lo que piensa y eso es algo realmente agradable.

–En cuanto al propio formato del libro, basado en entrevistas a todo tipo de personajes, ¿crees que hubieras podido publicarlas tal cual en un medio de comunicación? ¿Sientes que de algún modo el libro te ha dado mayor libertad o independencia?

–Lo particular del libro es que en él aparecen una serie de personas que he ido conociendo a lo largo de mi vida, como Iñaki Gabilondo –que ha sido mi jefe– o Miguel Ángel Revilla. Ellos son muy distintos, pero ambos tienen una manera muy interesante de comunicar, conectan bien con la gente. En La hora de la verdad aparecen personajes variopintos como Sor Lucía Caram, Ernesto Ekaizer, Pedro J. Ramírez o Pablo Iglesias. Gente que tiene mucha presencia mediática, pero que cuentan las cosas como son. Cosas que solo se cuentan en este libro.

–En él se desprenden muchas sensaciones de tu paso por Las Mañanas de Cuatro. Los entrevistados, los compañeros…

–[Esos personajes] Son conocidos. Cada uno de ellos, a los que conozco de primera mano, me han contado cosas relevantes. Por ejemplo: Revilla ha sido presidente autonómico, ha compartido despacho con el Rey. Sor Lucía Caram cuenta el momento en el que quiso hacerse monja pero tiene un discurso tan a contracorriente…

–“La monja cojonera”, ¿no?

–Sí, como el título del artículo. También aparece Pablo Iglesias: un tipo al que llaman El coletas en un barrio como Vallecas, de repente se mete en política y se convierte en el político mejor valorado. Pedro Sánchez, un político con el que tampoco se contaba mucho en el PSOE y ahora es el líder. Antón Losada confiesa que él perteneció “a la casta”, y el juez Elpidio Silva narra cómo metió en la cárcel a un banquero por primera vez en esta crisis.

–Jordi Évole aseguraba hace algún tiempo que estaba “aburrido” de ver siempre las mismas caras en las tertulias de televisión. ¿Llegaste a aburrirte de moderar siempre a los mismos personajes?

–Siempre intento poner el acento en algo diferente. Hay ejemplos muy claros. Cuando yo decido en mi primer programa fichar a un tal Pablo Iglesias o que esté un político que se llama Pedro Sánchez ya tenía pinta de que no era lo de siempre. Sí estoy de acuerdo en que hay que hacer una labor por innovar. Me esfuerzo mucho en ello. Hay que estar en la batalla de las ideas. ¡La imaginación al poder!

–¿Y en cuanto al formato? No hay canal de televisión que no tenga en su parrilla hoy en día alguna tertulia. ¿No crees que los ciudadanos pueden llegar a ser peonzas ideológicas dado el abuso de este género televisivo?

–A mí me interesa, de entrada, hablar de programas de televisión. Yo creo que nunca he presentado una tertulia como tal. El programa que hice era un formato casi distinto. No creo en la tertulia únicamente como sentido estricto, pero si la acompañas de entrevistas, vídeos o conexiones en directo va más allá de la tertulia. Es un género que, efectivamente, se hace mucho porque no es caro. Pero precisamente por eso hay que innovar y contar con gente de la calle, que tiene mucho que aportar, en lugar de ver siempre las mismas caras.

–¿Es producente para la sociedad de un país un periodismo político basado en el espectáculo?

–Prefiero el periodismo que tiene que ver con la información, el que llega al fondo de las cosas. Si hablo del paro quiero saber por qué uno de cada cuatro contratos dura menos de una semana. Quiero saber por qué los jóvenes hablan tanto de irse del país cuando acaban la carrera. Para mí eso es lo importante. Luego, además, el que lo cuente en antena debe ser una persona informada que lo manifieste de una forma interesante. Todos hemos tenido el típico profesor que sabía mucho de la materia pero que la explicaba fatal. Y al revés, hay gente que se monta su show pero que luego a la hora de la verdad resulta que no tiene ni idea. Hay que buscar el punto medio, el equilibrio.

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–¿Puede haber pluralidad y calidad informativa en un país en el que la mayor parte de los medios de comunicación están en manos de tres grupos mediáticos (Atresmedia-Planeta, Mediaset y Prisa)?

–Yo creo que cuantos más medios de comunicación haya, mejor; cuanto más trabajo haya para todo el mundo, mejor; cuanta menos precariedad laboral haya, mejor; cuanto menos intervenga el poder político, mucho mejor.

–¿Qué opinas sobre la concentración mediática en España?

–Lo que te acabo de decir. Cuantos más medios, mejor; cuanto más trabajo, mejor; cuanta menos intervención, mejor. Lo importante es que lo que haya permita un gran abanico de posibilidades.

–Un periodista como tú, ¿qué siente al ver una mañana en el kiosco que todas las portadas de los medios de comunicación más importantes del país visten con la misma publicidad, la del Banco Santander?

–Al estar en una crisis económica, el periodismo atraviesa también su crisis particular. Hay una debilidad, también, monetaria en algunos casos que hace que sea aprovechada por el poder político. Intentan condicionar la información. Pero también es cierto que los medios de comunicación necesitan ganar dinero, por ejemplo, para pagar las nóminas de los trabajadores. Yo no quiero dar lecciones de nada, pero sí me gustaría que los medios de comunicación fueran lo más independientes posible, que los periodistas fuéramos lo más honestos y libres posible y que hubiera una fortaleza económica en los medios, que en algunos casos no existe. Hay mucha precariedad en el periodismo, despidos masivos o becarios crónicos con sueldos reducidos hasta los 30 años. Ese tipo de cuestiones también son aprovechadas, evidentemente.

–¿Hay libertad de prensa en España?

–Hay una libertad de prensa condicionada. Un ejemplo claro: el gobierno acaba de decir que va a reordenar el panorama televisivo en pleno año electoral y que esto va a cambiar la situación al incorporar seis nuevos canales. Esto no es muy limpio, ¿no? Es una barbaridad. Del mismo modo, estamos viendo que los medios de comunicación públicos están politizados en muchos casos, o el miedo que tienen muchos periodistas a contar según que cosas porque saben que, de hacerlo, les pueden despedir. La presión que ejerce el poder político y financiero también repercute. Lo que hay en España es una libertad de prensa condicionada.

–Describe con pocas palabras a estos colegas: Iñaki Gabilondo.

–Original

–Paco Marhuenda.

–[Silencio]. Paco Marhuenda. ¿Paco Marhuenda? A ver qué digo de Marhuenda. Marhuenda, Marhuenda… [Silencio]. Estoy pensando en algo original. Paco Marhuenda… ¡Me encanta esto! Lo bueno que tiene es que no estamos en directo. Paco Marhuenda: vehemente, mismo.

–Antonio García Ferreras.

– ¡Sabía que me lo ibas a preguntar! [Risas]. Pues te digo que fue de mis primeros jefes.

–Jesús Hermida.

–El periodista original al que veía por las mañanas antes de ir al cole.

–Antonio Jiménez.

–¿Antonio Jiménez? Compartí con él alguna tertulia.

–Pasemos a la siguiente pregunta.

–¿Ya? ¿ya no hay más nombres? ¡Si estaba siendo lo más divertido!

–Nos falta tiempo y nos sobran preguntas.

–Es que sigo pensando en lo de Marhuenda. [Silencio]. Sí, con decir que es vehemente es suficiente.

–Es que Marhuenda cada vez que aparece te deja en shock. Continuemos: ¿puede haber libertad de información e independencia del periodismo en un país en el que el gobierno tiene el poder para presionar a un medio de comunicación privado y hacer que se destituya a un periodista?

–Si eso ocurriese, evidentemente no lo habría. Si eso hubiera ocurrido no lo habría.

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–¿Cómo te enteras de tu cese en Las Mañanas de Cuatro?

–Me lo comunican superiores. De todos modos, cuando uno dimite, cesa. Cuando a uno lo echan, lo destituyen.

–¿Y cómo encajas la noticia?

–La recibí con desconcierto, tristeza y con una sensación de no estar de acuerdo. Después de todo el trabajo que se había realizado, no entendía el porqué. Era programa en el que me había dejado la piel. Bueno, es lo que hay. El trabajo está ahí, lo dejé como el programa más visto de la televisión por la mañana. También es verdad que me felicitaron mis jefes durante meses. Y más allá de la audiencia, yo no tengo ninguna demanda ni ninguna condena por haber mentido. La gente en la calle me para y me pide que vuelva, que está enfadada porque ya no estoy.

–¿La razón de tu despido cuál es?

–Hay un comunicado en el que la empresa lo explica, y donde también cuenta cuál es su punto de vista del periodismo. Ahí lo tienes.

–¿Crees que denunciar los abusos de poder de empresas y políticos hacia los ciudadanos es ser un periodista demasiado opinativo?

–Soy el mismo de siempre, no he cambiado en cuatro años. El periodista debe tener un compromiso con la verdad. A mí de mentir no me pueden acusar. Por otra parte, como reflejo en el libro, hay un compromiso con la verdad y la realidad de las cosas que hay que contar. Entre un corrupto y un ciudadano decente, siempre voy a estar con el ciudadano decente. Y entre con quien habla de una amnistía fiscal como una regularización y el que le han subido los impuestos y tiene que aceptar esas palabritas, estaré con el segundo. Y entre el que dice que estamos saliendo de la crisis y el que vive directamente esa crisis, siempre voy a estar con el que sabe que seguimos en una crisis económica, porque yo soy consciente de que es así. Ahí no se puede ser imparcial.

–Cuenta la historia de Cristina Fallarás.

–Es una historia que nos puede pasar a cualquiera de nosotros. Ella tenía un cargo en el periodismo que perdió y se vio tiempo después colándose en el metro para ir a trabajar o pidiendo ropa para sus niños y viviendo en una cabaña. A la clase media y baja le puede pasar eso en cualquier momento. Hay una serie de intocables a los que no les ha pasado absolutamente nada, ni siquiera han ido a juicio, mientras que hay gente a la que ya no le queda nada y sigue machacada por la crisis y por el poder.

–Miguel Ángel Revilla dice que los ciclos de crisis del capitalismo están perfectamente programados.

–Revilla dice que todo está comprado, la libertad, los medios, la vida política. Él cree que hay un poder financiero que es el que mueve los hilos. Además, él ha estado a pie de obra en la política y sabe una serie de cosas. Alguien que se ha reunido de tú a tú con el Rey y con Botín maneja información valiosa.

–Aunque fuera menos mediática que tu marcha de Las mañanas de Cuatro, en 2011 te despidieron de la Cadena SER, el medio en el que creciste como profesional trabajando en el Hoy por Hoy que presentaba Gabilondo. Llevabas unos pocos meses dirigiendo los informativos de fin de semana. Tras estos sinsabores, ¿qué esperanza te queda?

–Por suerte, siempre he trabajado. Yo sé lo que es sufrir un ERE, pero no quiero comparar mi situación con la de otra gente que se ha ido al paro cobrando una miseria. No me voy a comparar, aunque evidentemente es un golpe moral muy duro. A mí nadie me ha regalado nada. No llegué enchufado. He trabajado seis años de noche, seis años de fin de semana y ahora en la TV me levantaba a las 5 de la mañana. He tenido suerte pero también es verdad que he tenido que currar.

–¿Sigues teniendo fe en el periodismo?

–Sigo teniendo fe en que se puede y se debe contar cómo son las cosas.

–Willy Toledo recordaba en su reciente aparición en Viajando con Chester una cita de Chavela Vargas. Decía que la gente no soporta tener sentada a su lado a una persona libre y que el destino fatal de las personas libres es, muchas veces, la soledad. ¿Te has sentido solo?

–Si te soy sincero me siento muy acompañado porque la gente se ha volcado en las redes sociales, me paran por la calle, hasta me envían cartas manuscritas. Me apoyan de una manera que yo no creía que pudiera ocurrir. Soy una persona que nada a contracorriente, pero por suerte no soy el único. Y además, tengo lo más importante: una familia que me quiere, mis amigos y salud. Con lo cual: solo, no. Que me he sentido a veces menos acompañado de lo que quisiera, sí.

–Hablemos de actualidad. Tan solo un año y medio después de su fundación, Podemos comienza a resentirse por la dureza del tratamiento mediático que se les aplica. Prueba de ello es la salida de Juan Carlos Monedero. Mientras tanto, ahí siguen los Camps, Bárcenas, Griñán y Chaves, impasibles a cualquier crítica.

–Podemos es una formación nueva, está en auge y está en un proceso de debate interno que lleva a situaciones como la de Juan Carlos Monedero. Hay causas judiciales graves –como el caso de los ERE o el caso Bárcenas–, que sería deseable que se juzgaran cuanto antes y que no hubiera una intromisión política que pusiera obstáculos a la labor de la justicia. Comparar a Monedero con Bárcenas es una barbaridad.

–Has confesado que Albert Rivera te ofreció unirte a su partido. ¿Es Ciutadans una marca blanca del PP?

Albert Rivera me comentó si quería entrar en 2012 en Ciutadans por Madrid, pero le dije que no. Tienen un programa claro y vamos a ver qué ocurre. Se presentan a unas elecciones con más intención de voto que nunca y los hechos hablan por sí mismos. Habrá que ir viéndolo. Lo que es evidente es que Ciutadans está más a la derecha y Podemos más a la izquierda. Nadie me va a convencer de lo contrario.

–¿El bipartidismo PP-PSOE está enterrado o pasará como con las cadenas de televisión privadas, que al final las dos grandes absorberán a las dos pequeñas?

–El bipartidismo está en un momento de crisis porque hay cuatro en el tablero y antes había dos. Vamos a ver qué es lo que ocurre.

–Pues ya hemos terminado, Jesús.

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Al finalizar la entrevista, llega el turno de las fotos, una sesión rápida ya que esperan otros medios para entrevistar al periodista. Le hemos traído cinta de carrocero –de la que pega poco y no hace mucho daño– para colocársela en los labios y captar un momento épico que debería lucir en la portada de Negratinta. Cintora, con una sonrisa, declina nuestra propuesta. Al parecer no somos los primeros que se lo sugerimos, y la respuesta siempre es la misma. Para nuestra ‘desgracia’, así es Jesús Cintora, un periodista que no se dejó amordazar ni para la foto de portada de Negratinta.

El soriano tiene contrato vigente con Mediaset hasta final de año. Se encuentra inmerso en la promoción de su primer libro, que publica la editorial Espasa (Planeta-Atresmedia) y también tiene previsto aparecer esporádicamente en las cadenas que dirige Paolo Vasile.

En Sevilla, un par de decenas de personas aguardan en una cola deshecha para que Cintora, el presentador que hasta hace poco salía en la tele, les firme su ejemplar de La hora de la verdad. Ellos aprovechan y mientras se hacen una foto que terminará en sus redes sociales, le desean suerte. Una suerte paradójica, pues lo que quieren realmente es que vuelva a una cadena que lo ha destituido por ser demasiado franco en sus opiniones.

Fotografías: Ángela Ochoa

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