Esto de la Marcha Granadera despreciada en el Camp Nou está siendo todo un caramelo para el caciquismo patrio de todo pelaje. Están colando varias mentiras de subjetivismo barato, en relación a la importancia del silbido y la manera de cuantificarlo en la más rancia tradición caciquil.

1. En primer lugar, así como antiguamente cuando se sacaban pañuelos se puede contar la gente que lo saca, con esto del silbido, no puedes contar cuanta gente silba, y parece que a ningún medio de desinformación le interesa. Con los jugadores de toque como De la Peña o Guti siempre ocurría, que pitaban una parte minoritaria del estadio pero los periodistas se hacían eco sin ton ni son, ignorando el placer sin estridencias de los que disfrutaba con su fútbol.

2. En segundo, también me recuerda la honda preocupación que tenía Stalin porque las cuestiones importantes que atañaban a la gente se hicieran en secreto y sin la mirada de posibles vecinos y/o chivatos. El voto a mano alzada, o el silbido, siempre se halla condicionado por el miedo a llevar la contraria al griterío de la horda de cobardes ante la tiranía. Recuerdo, incluso el día que llevé un día al Camp Nou a un merengue a matar, y ante la presión de los aficionados levantaba el tifo local para integrarse. Aquí un ejemplo muy claro es que todas las encuestas en las municipales indicaban que Ciutadans no sacaba un concejal ni de lejos en Girona. Y sacaron dos. Porque, ¿quién va a decirle a un extraño en Girona que va a votar a Ciutadans? Una ciudad donde le hablas en catalán al peluquero y por el mero hecho de no hablar español te empieza a hablar en tono insultante del Plan de Empleo Rural.

3. El tercero y más importante, es la extracción sociológica de los que acudieron al estadio. Contaba Santiago Segurola que se había gastado 1.200 merkels para ir con la familia. La entrada estaba a 130, más viaje y alojamiento. Eso por parte del público bilbaíno. El barcelonista eran en su mayoría socios, ya saben como funciona el sistema de socios del Barça, el secreto mejor guardado, que hace que el carnet vaya de generación en generación y los socios sigan siendo descendientes de los negreros de Cuba. Todo esto quiere decir que votantes de Barcelona en Comú de Nou Barris no había muchos.

Estamos hablando pues, que del total de diez millones de vascos y catalanes, los que silbaron fueron una cifra incalculable de aficionados de esa clase media-alta que se evapora a marchas forzadas de España y se aferra al viejo mundo, y en condiciones de dudosa libertad para expresar su punto de vista.

Y todas las televisiones, TVE y TV3 con especial pasión, están identificando a esta pequeñísima y concreta porción de vascos y catalanes como el sentir general de vascos y catalanes. Agitando el odio para sacar votos y poder pergeñar la segunda transición aprovechándose de tan flagrante propaganda mentirosa.

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