Uma Thurman se ha cambiado la cara y ahora se parece a ella misma en un cameo en Futurama. Apenas queda el color de sus ojos iguales y poco más. Para mí y para muchos ha sido traumático porque ese cambio conlleva el fin de una época y me explico en seguida:

Para mí Uma Thurman, y todos los actores, son unos recipientes vacíos que se llenan para dar vida a otros personajes a través de gestos, expresiones, emociones y talento. Se encargan de dar cuerpo al alma por el guionista descrita, y si ese recipiente cambia radicalmente de la noche a la mañana en su parte más reconocible, en la cara, ese recipiente ya no es el mismo. No me podéis decir que ese recipiente es Uma Thurman porque Uma Thurman para nosotros eran unas expresiones, unos rasgos y unos gestos que ya no existen. Sí, evidentemente es una persona, pero ni yo ni la gran mayoría conoce a la persona. No sé cómo es ni lo que piensa, tampoco lo que le enfada o le gusta; y la verdad es que poco me importa. No sabemos nada porque no somos ni sus amigos, ni sus familiares. Para nosotros era un recipiente, un cuerpo que se llenaba de personajes que no eran ella. Para nosotros Uma Thurman era un cuerpo y muchas almas; ninguna suya.

Evidentemente que puede operarse y hacerse lo que quiera, pero luego no nos pueden pedir que la sintamos igual en otras películas porque, simplemente, para nosotros ya no existe. Uma Thurman se ha hecho famosa por ser recipiente de personajes que quedan para la historia en un nuestro imaginario colectivo como Mia Wallace o Beatrix Kido. Si la conocemos es por ser vasija de esas aguas, no por otra cosa.  Esa vasija ha cambiado completamente sin seguir una evolución natural; y es verdad que puede tener agua en su interior, pero por fuera ya no es la misma. Sigue siendo una vasija, sí, pero ahora es otra vasija con otros rasgos, otros gestos, expresiones y, eso sí, el mismo talento. No es que se haya ido desgastando y agrietando de forma natural por el paso del tiempo, es que en ella había dibujado un árbol rojo y ahora hay una nube verde, y sería un poco raro que alguien me intentase convencer de que sigue habiendo un árbol rojo cuando uno ve claramente una nube verde.

Mia

Si nos ha traumatizado tanto este cambio de rostro de Uma Thurman es precisamente porque para nosotros, aunque sea inconscientemente, es un recipiente. Uno de los hermanos Wachowsky, creadores de Matrix, se operó para ser mujer y ahora es una mujer que viste como recién salida del mundo de El Quinto Elemento, pero a nadie le traumatizó tanto como el cambio de Uma. ¿Por qué? Pues porque para nosotros la ahora creadora de Matrix no es un recipiente identificable que haya albergado diferentes personajes. No es actriz, no son unos gestos o unas expresiones. Es una idea, un mundo interior, una creación: sus películas. En su caso no identificamos el nombre con su recipiente, sino con gran parte del agua que lleva dentro. Y nos traumatiza cuando nos dan de beber agua mala cuando en un principio nos daban agua fresca.

No es lo mismo cambiar radicalmente para hacer un personaje concreto que cambiar para siempre. Ni siquiera el cambio de Robert de Niro en Toro Salvaje, el de Chistian Bale en El maquinista o el de Charlize Theron en Monster fueron tan exagerados; es más, a los espectadores nos gusta ver cómo ese recipiente cambia para un papel y luego volver a su estado original, porque lo que hacen, básicamente, es engordar, adelgazar y ponerse en forma; luego ya está el gran trabajo de los maquilladores, pero Uma ni ha engordado, ni ha adelgazado, ni se ha maquillado: Se ha cambiado, básicamente, el rostro. Puedes ver a Robert de Niro de grandullón, a Christian Bale en los huesos y a Charlize Theron maquillada, pero es diferente a verles directamente con otra cara para siempre.  Nos gusta ver cómo ese recipiente cambia para un papel y luego volver a su estado original, pero Uma se ha ido a otro estado del que ya no podrá volver a no ser que se operé otra vez y se vuelve a cambiar la cara actual por otra.

Me hubiese gustado verla envejecer de forma natural, pero, en definitiva, los amantes de Uma Thurman sólo podremos mirar al pasado con nostalgia y resignarnos a que nunca volverá a salir en pantalla.  Mucha gente cree que se ha visto obligada a operarse porque nadie quiere dar papeles a mujeres mayores, pero yo no lo creo porque no ha rejuvenecido sino que se ha cambiado el rostro. Si le es difícil encontrar trabajo, que no lo creo, haciéndose mayor… ¿No es peor buscarlo cambiando de un rostro muy conocido a uno nada reconocible? Para sus familiares seguirá siendo Uma. Para sus amigos seguirá siendo Uma igual que lo seguiría siendo para mi si fuese mi amiga porque por dentro seguiría siendo la misma persona. Para la policía y los registros seguirá siendo Uma, pero para los cinéfilos que sólo hemos conocido a la actriz y no a la persona, Uma Thurman ya no existe. Ha sido un enorme placer, Uma. Descansa en paz

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