2016-06-27 20.04.04

Quizás vuestros cuñados, vuestra prima o el presidente del Gobierno en funciones piensen que vivimos en un país donde los homosexuales disfrutan de una aceptación social elevada, que vivimos en un país donde hay igualdad para las parejas homosexuales ya que es legal casarse y tener hijos y que vivimos en un país donde no se les persigue. Quizás España sea un país aparentemente gayfriendly, pero las apariencias engañan.

Me gustaría explicar un caso cercano y algunos ejemplos para que seamos un poco más conscientes de la situación real. Si queremos hacer bandera de ser un país donde los homosexuales viven en igualdad de condiciones, habrá que dejar de colgar trapos multicolor y trabajar un poco más. Advierto que voy a intentar ceñirme a los hechos al máximo, pero también que puede que no sea totalmente imparcial porque este tema me cabrea. Fácil: ¿Conocéis a una pareja que os parece sana, saludable, feliz, sencilla, incluso ejemplar? Esa pareja de amigos o de familiares a los que envidias (sanamente) porque crees que son lo más parecido a una pareja ejemplar*. Esa pareja que piensas: “¡Coño, si hubiera más gente así en el mundo, todo iría mucho mejor!”

Pues bien, para mí esas dos personas se llaman Carmen y Magui. Dos mujeres que están casadas y que decidieron, hace un par de años, que querían ser madres. Iban a optar por la inseminación y esta las sorprendió con mellizos. Todo fue más o menos bonito, sin embargo, una serie de obstáculos se interpusieron en el camino. Vayamos por etapas:**

La inseminación

Lo primero que Carmen y Magui hicieron fue elegir una clínica e informarse sobre el proceso. Como primer obstáculo, se encontraron con que la clínica no tenía ningún dossier ni nada parecido para informar a las parejas homosexuales sobre los aspectos legales que hay que afrontar, aunque desde el centro, hubo voluntad de ayudarlas. Es más, los formularios solo están concebidos para los clientes con la distinción de señor tal y señora cual. Nunca señora tal y señora cual.

El embarazo

Ya embarazada Magui, el caso derivó al hospital general de la ciudad. Durante las revisiones, los médicos preguntaron en varias ocasiones por el padre con Carmen delante e incluso impidieron que pudiese acceder como acompañante a la visita. Tampoco allí la documentación estaba concebida para posibles parejas homosexuales.

Antes de parir, Carmen se informó en las oficinas de la Generalitat de Catalunya acerca de los permisos que le correspondían cuando naciesen los niños. Rellenó la solicitud de maternidad, explicó el caso y la funcionaria le comentó que le pertenecía maternidad, paternidad y lactancia. En principio, sólo tenía que volver una vez naciesen los mellizo para rellenar una serie de papeles.

El nacimiento de los mellizos

Nacieron los mellizos y Carmen se acercó al registro civil, donde no supieron cómo gestionar un libro de familia con dos madres. Lo hicieron como lo habían hecho en la única ocasión que habían tenido una pareja homosexual. Por lo visto, había buena voluntad, sin embargo, los trabajadores no tenían formación ni información para afrontar estos casos. Aún a día de hoy, ellas no tienen claro que el libro de familia esté correcto.

Cuando los niños tienen un mes, la pareja se da cuenta de que Carmen no ha recibido el salario, así que vuelven a las oficinas de la Generalitat para preguntar por qué. Entonces, les informan de que hubiesen tenido que gestionar el tema del permiso de maternidad a través de la Seguridad Social y que por ese motivo no está cobrando. ¿Os acordáis de aquella funcionaria que dijo que…? Pues bien, en la Seguridad Social les dicen que a Carmen no le pertenece maternidad al no ser la madre gestante, y como la madre gestante estaba en paro, no podía ceder su maternidad. Al recibir tales noticias y con dos mellizos a cuestas, vuelven a las oficinas de la Generalitat, donde les dicen que dejen su teléfono y que llamarán para decirles qué pasa con el permiso.

Entretanto, llega el momento de hacer los DNI y pasaportes de los mellizos. Cuando lo hacen, tienen que poner necesariamente una madre y un padre porque el formulario no contempla más opciones. Preguntan si el orden de los apellidos debería ser alguno en concreto o si puede influir de alguna manera. Ni la persona que les atiende ni sus compañeros tienen la menor idea y responden: “No importa, es lo mismo”.

La burocracia

Y llega la esperada llamada de las oficinas de la Generalitat. Una respuesta: han tramitado mal la documentación y Carmen debe incorporarse al trabajo cuanto antes. Esto sucede un jueves, por lo tanto, se le explica que debe incorporarse el lunes siguiente. Los mellizos tienen dos meses en ese momento.

Justo después de recibir esa llamada,  desesperadas, vuelven a las oficinas de la Generalitat para resolver el caso como sea. Finalmente, rectifican y se le concede un mes más de baja a Carmen (de un total de tres). Después se incorporará al trabajo. Paralelamente, Carmen pide de la ayuda por ser madre trabajadora (contribución mensual que pueden recibir las madres con hijos de hasta tres años que están trabajando). Cuando ya la han tramitado, les informan de que puede que no les pertenezca y que tengan que devolverla. Es entonces cuando deciden buscar apoyo y recurren a una asociación de familias homosexuales. Explican el caso y les dicen que tienen todo el derecho a recibir esa ayuda y que sigan adelante. Si tuvieran problemas, la asociación tiene un abogado especializado. Es la primera vez en todo el proceso que Carmen y Magui sienten que alguien les informa con conocimiento de causa.

En cualquier caso, Carmen y Magui siempre han tenido la misma sensación: en las instituciones públicas no se sabe cómo gestionar o afrontar los casos de familias homosexuales. No hay protocolo, no hay formación, ni siquiera información. Así que en clínicas, en hospitales, en oficinas de la Generalitat o en oficinas del Ministerio y del Estado no se tiene en cuenta la existencia de familias homosexuales. Tampoco se ha formado a los profesionales públicos sobre aspectos legales que afectan a las parejas LGTB.

Con esto, nos gustaría que nuestros cuñados, nuestra prima, el presidente en funciones del Gobierno y las señoras de “esto es un desmadre, queremos padre y madre” reflexionen y entiendan que todavía no vivimos en un país donde los homosexuales disfrutan de una aceptación social, ya no digamos elevada.

*La autora del artículo no piensa meterse en discusiones sobre pareja ejemplar, normalidad y todo ese tipo de etiquetas. Considera que no viene al caso y espera que nadie la malinterprete.

**Todos los trámites se producen en una ciudad de 60.000 habitantes de la provincia de Barcelona.

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