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Cuando Darryl Middleton debutó en la ACB, yo estaba en 6º de EGB. Aún quedaban un par de años para que empezaran a interesarme las chicas, mi asignatura preferida era soci (aquel libro azul con un cuadrado de colores) y uno de mis sueños era tener una canasta en casa, como esos chicos que veía en las películas americanas. Ahora que han pasado dos años desde que Middleton jugara su último partido en España, llevo casi tres lustros con la mujer de mi vida, las clases las doy yo y no tengo canasta en casa (aunque la tuve). En definitiva, me hecho un hombre, bueno o malo, mientras este tío se partía la cara en las pistas de toda España y media Europa. Y es que hablamos del tipo con la carrera más longeva de la ACB y veintiséis años de carrera profesional a sus espaldas. Un cuarto de siglo que ha dado para mucho.

Ni Arvydas Sabonis, ni Juan Carlos Navarro, ni Felipe Reyes, ni Luis Scola, ni Marc Gasol, ni Tanoka Beard. Ninguno tiene tres MVP de la ACB, los títulos individuales que acumula el señor Darryl Middleton: 1992, 1993 y 2000, dos en Girona y uno entre medias en Sevilla. Hablamos de un tipo que ha cumplido este verano medio siglo de vida y ha dejado de jugar al baloncesto hace dos años. Hablamos de un tipo que declara que su secreto reside en la práctica diaria del sexo hasta en seis ocasiones. Hablamos de un referente, “en Girona este tío era Dios”, me dice uno de mis editores. No pregunto si por cuestiones eróticas o deportivas. De cualquier forma, convenimos, ya tenemos titular.

d_baylorEn este caso, Dios vino al mundo en Nueva York un 21 de julio de 1966, en el barrio de Queens, en un momento en que la ciudad veneraba ya al zurdo Willis Reed como ídolo baloncestístico. Reed fue el primer tipo que ganó en un mismo año el MVP del All-Star Game, el de la temporada regular y el de las finales de la NBA. Fue en el curso baloncestístico 1969-70. Middleton tenía por entonces cuatro años. Dos décadas más tarde, ya licenciado en Baylor University, fue escogido por los Atlanta Hawks en tercera ronda del Draft de 1988. En aquel momento, los Lakers eran los reyes del mambo (se acercaba ya el final de la dinastía) y la NBA había resurgido de la mano del trío capitolino formado por Magic Johnson, Larry Bird y un joven Michael Jordan. Pero el lugar en el mundo de Middleton parecía estar al otro lado del Atlántico.

Primero desembarcó en Turquía, una temporada en el Cukurova de Estambul. Luego otro año en Italia, en el Teorema Tour Arese, donde ya promediaba 18 puntos por noche. Y entonces llegó a España, año 1991. Destino: el Valvi Girona, con Alfred Julbe en el banquillo, y Quim Costa y Dusko Ivanovic como compañeros (ambos serían entrenadores del equipo pocos años después). En aquel momento, un tal Arvydas Sabonis ya asombraba en Valladolid y el Joventut dominaba la liga con Jofresa, Villacampa y compañía. El Valvi quedó decimotercero, con balance negativo, a pesar del primer MVP de Middleton, logrado por delante del propio Sabonis, Joe Arlauckas o Ricky Winslow.

9ae5f-image00002El año siguiente Darryl decidió cambiar la Costa Brava por el sur y se fue a jugar a Sevilla a las órdenes de José Alberto Pesquera, donde pasó dos años junto a veteranos como Chinche Lafuente y Steve Trumbo o jóvenes como Nacho Azofra y Raúl Pérez. Allí ganó su segundo MVP consecutivo y terminó de llamar la atención del Barcelona de Aíto García Reneses, que lo fichó en la temporada 1994/95. En el Palau ganó Middleton sus dos ligas ACB, la primera final contra Unicaja (la del triple de Mike Ansley), la segunda contra sus excompañeros del Caja San Fernando. En Barcelona compartió vestuario con gente como Ferran Martínez, Xavi Fernández, el lituano Arturas Karnisovas o un veinteañero Roberto Dueñas. Abandonó el BarÇa pero no se movería de Catalunya en las próximas temporadas: de nuevo dos años en el Valvi Girona, un año en Badalona con Julbe (allí coincidió con Nikola Loncar y unos imberbes Raül López y Alex Mumbrú), y otra vez Girona, ahora Casademont, donde recibió más de una asistencia de un ya veterano Pablo Laso.

Llegó entonces el periplo griego, cinco temporadas con el Panathinaikos de Zeljko Obradovic. Allí, junto a jugadores como Fotsis, Alvertis o Bodiroga, Middleton ganó dos ligas y una Euroliga, frente a la Kinder de Bolonia, en donde despuntaba un argentino llamado Manu Ginobili. Uno de los ayudantes de Obradovic en aquel Panathinaikos era Dimitrios Itoudis, hoy al frente del banquillo del CSKA. Es precisamente Itoudis quien ha llamado a Darryl una década después para que le ayude en Moscú, esta vez desde el banquillo. Allí le podemos ver cada semana, traje, corbata y carpeta en ristre. Le imaginamos aconsejando a Freeland, Hines y compañía cómo endurecer su defensa, cómo coger la posición, y explicándoles entre risas su secreto para mantenerse en forma (en realidad, le imaginamos pidiéndole a Itoudis que le deje jugar en algún partido intrascendente, sólo unos minutos).

Después de Grecia, Middleton se fue un año a San Petersburgo para jugar con la camiseta del Dinamo, antes de que el cuerpo y quizás el frío le pidieran volver a casa. Regresó pasados los 40 años. Tercera etapa en Girona, ahora patrocinado por Akasvayu y entrenado por Svetislav Pesic. En aquel equipo –que ganó la Eurocup en 2007– se juntaron los últimos coletazos de Gregor Fucka y el propio Darryl con el talento de Arriel McDonald y jóvenes como San Emeterio, Víctor Sada, Marko Keselj o un inmenso Marc Gasol, que antes de marcharse a Estados Unidos consiguió el MVP de la ACB en su segunda temporada a orillas del Onyar. Marc nunca ha dudado en declarar que lo mejor que le pasó aquellos dos años en Girona vino de la mano de Middleton, con quien se pegaba un día tras otro en los entrenamientos, consciente de que aquello era el mejor clinic posible antes de cruzar el charco.

En definitiva, si iniciáramos una búsqueda para encontrar un jugador que no haya compartido cancha con Middleton, sospecho que no sería sencillo. 25 años de carrera profesional dan para muchas experiencias y anécdotas, esperemos que algún día se anime a poner buena parte de ellas por escrito. Sin duda sería una fuente de primera mano, historia viva del baloncesto español y de cómo ha ido evolucionando en todas sus facetas. Mientras tanto, quién sabe, puede que algún día Itoudis termine cediendo algunos minutos a nuestra imaginación. Lo que es seguro es que Darryl estaría preparado.

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