Hace unos días, en un ambiente de trabajo, leíamos en un periódico digital una noticia relacionada con la ablación o mutilación genital femenina en países africanos como Sudán, Somalia o Etiopía. En ella aparecían los testimonios de varias mujeres; contaban cómo con menos de 5 años, por razones culturales o religiosas pero nunca médicas, se les había extirpado el clítoris con el único fin de eliminar todo placer sexual. Ni que decir tiene que las condiciones en las que se realiza tal práctica son tan insalubres como inhumanas. Hablaban de mala cicatrización, de gritos, de traumas psicológicos, de infecciones, de dolor intenso, de hepatitis, de infertilidad, de hemorragias, de dolores insufribles en el coito y en el parto, de quistes, de menstruaciones dolorosas, de continuas infecciones en la orina, del aumento de la susceptibilidad para contagiarse con el virus del SIDA… e incluso de la muerte. Una horrible tradición cuya única causa es el patriarcado más extremo. Una salvajada cuyo único fin es conseguir que la mujer sea un objeto que sirve para dar placer pero no para recibirlo.Fue en ese momento cuando uno de los allí presentes, ni corto ni perezoso, soltó: “Eso como a los musulmanes, que se la cortan nada más nacer”. Ahí, ahí. Occidentales repartiendo capacidad de síntesis, ignorancia y manipulación desde tiempos inmemoriales.

¿Qué tiene que ver la ablación femenina con la circuncisión masculina? Para que nos entendamos… entre poco y nada.

La circuncisión masculina es un ritual habitual tanto entre musulmanes como judíos – un motivo de reunión, fiesta y celebración – y consiste principalmente en amputar al niño el prepucio, oseasé, la piel que cubre el glande del pene. Una práctica que, aparte de por razones religiosas o culturales, se realiza por evidentes razones médicas. Una técnica que, no sólo no afecta a la vida sexual sino que está demostrado que si se realiza bien, con personal preparado para ello, tiene multitud de ventajas. Ayuda a mejorar considerablemente la higiene y previene enfermedades como la fimosis. Reduce el riesgo de padecer cáncer de pene, de contraer enfermedades de transmisión sexual, herpes genital o sífilis, de sufrir infecciones de orina… Además previene infecciones bajo el prepucio.

Quizá por eso la circuncisión masculina va más allá de fines religiosos y culturales y se extiende cada vez más entre familias no-musulmanas y no-judías que, siguiendo los consejos de médicos y pediatras que la recomiendan y siendo conscientes de que son mayores las ventajas para la salud que los posibles riegos que esta práctica pueda acarrear, deciden circuncidar a su bebé.

Así que, llegados a este punto, ya me dirás tú qué similitudes hay entre la ablación femenina y la circuncisión masculina…

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