A la memoria de Raquel Tibol, otra vida ejemplar

Sólo vivió 56 años pero ¡cuántas enseñanzas nos heredó Javier Barros Sierra! Aprovecho que este 25 de febrero fue el centenario de su nacimiento para recuperar una clase de probidad y otra de equidistancia institucional.

Rescato, para empezar, su pasión por esa juventud que en 2015 padece la violencia, la mediocridad educativa, la corrupción generalizada y un mercado laboral deprimido y explotador. En diciembre de 1967 Barros Sierra –en ese momento era rector de la Universidad Nacional Autónoma de México– pronunció un discurso condenando a quienes creían que los “únicos tratamientos que a [la juventud] pueden dársele son la represión y la corrupción, sea para neutralizarlos o para utilizarla como instrumento”. Él apostaba por “educarla” y eso incluía la “formación social y política”.

Proponía enseñar con el ejemplo y su vida fue cátedra sobre cómo ser un funcionario probo. Javier Barros Sierra estuvo entre los 18 fundadores de la ahora gigantesca constructora “Ingenieros Civiles y Asociados” (ICA). Cuando Adolfo López Mateos lo invitó en 1958 a ser secretario de Obras Públicas ¡vendió sus acciones de ICA para evitar el inevitable conflicto de interés! Su postura yace olvidada en uno de los trasteros de la transición extraviada. ¿Ejemplos? Las evasivas del presidente de la República, el secretario de Hacienda y el jefe de Gobierno de la ciudad de México a la hora de esclarecer sus nebulosas relaciones con las constructoras. Esperemos que el Congreso vote el Sistema Nacional Anticorrupción, con el espíritu del exrector Barros Sierra.

El Movimiento estudiantil de 1968 fue un encontronazo entre un sistema basado en la obediencia y la violencia y otro que aspiraba –y aún anhela– un México tolerante que se transforma con métodos pacíficos. El 2 de octubre nos marcó tanto porque fue el manotazo presidencial aplastando a los insumisos. La brutalidad del hecho disimuló que en los dos bandos (estudiantil y estatal) había violentos y pacíficos.

Javier Barros Sierra tomó una difícil postura equidistante. Defendió los métodos pacíficos al poner la bandera a media asta y encabezar una marcha de protesta (según Carlos Monsivaís ese día “proclam[ó] al Movimiento del 68 causa legítima de la República”). Tiempo después explicaría, en sus conversaciones con Gastón García Cantú, que “me habían puesto entre dos fuegos: de una parte, el gobierno que me exigía una actitud… de solidaridad activa con la represión [y de la otra los] estudiantes, que querían que yo fuese una especie de vocero de la oposición contra el gobierno”.

Han transcurrido 47 años desde el Movimiento del 68 y Ayotzinapa y sus secuelas nos están diciendo que el país padece tres violencias claramente diferenciadas en origen y consecuencias: la criminal, la estatal y la social. En estos tiempos de incertidumbre e inestabilidad un camino viable y sensato fue propuesto por Barros Sierra quien apostó por una institucionalidad que equilibra lo justo con lo legal. En el 68 el rector de la UNAM jugó un papel que no le correspondía; en 2015 ya hay instituciones diseñadas para este propósito.

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) estuvo tantos años encabezada por simuladores que olvidamos que se trata de un organismo pensado para mediar entre las múltiples expresiones de la violencia. El 24 de febrero se cumplieron los primeros cien días de Luis Raúl González Pérez como nuevo presidente de la CNDH y, afortunadamente, empieza a dar señales de una mayor disposición a regresarle autonomía a la institución.

Hace unos días el gobierno mexicano pasó la vergüenza de tener que reconocer  en Ginebra, ante la Organización de las Naciones Unidas, que desconoce el número de desaparecidos que hay. Fue el presidente de la CNDH quien aceptó, en un documento de 35 páginas, el hecho y puso en evidencia el desdén del Estado mexicano hacia el terrible costo social que paga el país por una guerra necesaria, pero que en términos del bienestar de los inocentes fue mal concebida y pésimamente implementada.

Reconocer una omisión no la resuelve pero es el primer paso para atenderla. Eso hizo Javier Barros Sierra como rector, eso esperamos de una CNDH que tal vez se regenere.

 

La miscelánea

El renacer de la CNDH contrasta con el resquebrajamiento de la autoridad moral de un Instituto Nacional Electoral sometido a la voluntad del PRI y del Partido Verde.

 

Comentarios: www.sergioaguayo.org

 

Colaboraron Luis Antonio Hernández Ojesto Martínez y Maura Roldán Álvarez.

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